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VIVIANA SCALIZA, pasión por la música

Publicado: 16/11/2010


Viviana luchó por su sueño, siguió el camino que realmente la hacía feliz y consiguió lo que buscaba. Comenzó cantando en un coro de Morón y descubrió los negro spirituals; se entusiasmó con el blues y eligió como referentes a Janis Joplin y Bessie Smith. Finalmente, La Mississipi y Pappo serían los padrinos espirituales del reconocido cuarteto “Las Blacanblus”, que integra Viviana.




¿Viviana, contanos cómo nació tu pasión por la música?
“Desde muy pequeña. Mis padres a determinada hora apagaban la televisión y se ponían a charlar, y yo me aburría mucho. Mi viejo tenía una radio, una Sanyo  portátil a batería recuerdo. Yo la agarraba y, con la cabeza apoyada en mis brazos cruzados sobre la mesa y con la radio debajo del oído, trataba de sintonizar algo que me gustara. Siempre era música clásica, pero tampoco había tanto en aquel momento para escuchar. Folklore, tango, música moderna de esa época que obviamente no era rock ni mucho menos. Entonces escuchaba música clásica, y de ahí me empezó a gustar. Tendría 4 años.

La música me llamó siempre la atención; y  mi casa no era un lugar donde se hiciera música normalmente, ni donde se escuchara demasiado. Se escuchaba la radio o la televisión, pero no era un lugar en donde se ponían discos. El tocadiscos se abría para las fiestas nada más. Cuando yo de mas grande me empecé a comprar discos, la cosa cambió. Pero normalmente lo que se escuchaba era la radio.”

Durante este tiempo a Viviana le compraban guitarritas de juguete, que ella rompía, nos cuenta riéndose, hasta que un día le regalan su primera guitarra criolla a los 6 años y a los 10 años comienza a estudiar.

¿Cuáles son algunos de tus referentes musicales?
“Mis referentes vienen del blues, Janis Joplin sobre todo. Por ella empiezo hacer toda una investigación pero al revés, no es que llegué a ella después de escuchar otras cosas. Empiezo cantando negro spirituals en un coro, el de la cooperativa popular de Morón, que hoy es el banco Credicoop.   El coro lo dirigía Edgardo Lettieri, quien ahora es profesor del conservatorio en Morón y director de algunos coros por acá. Los negro spirituals me llamaban mucho la atención, la música religiosa barroca era otra de las cosas que me gustaban. Después empiezo a escuchar los originales de esos spirituals, y me mató porque no tenía nada que ver lo que cantábamos en el coro, estaba buenísimo. De ahí empiezo a escuchar a Janis Joplin, y me entero que ella era fanática de Bessie Smith y entonces me voy más a las raíces. Y ahora, actualmente, busco las raíces de todo.”
Viviana es una persona que no puede quedarse dentro de un estilo musical, su espíritu curioso la lleva a explorar todo tipo de música: “Llegué también al tema de la música celta. Me invitó un día Gustavo Echeverría , que es un violinista de acá de la zona que tiene un grupo que se llama Ogham, por intermedio de su guitarrista Beto Fernández (bajista de El Presidente), para ser madrina de ellos en un concurso que se llamaba “Bares Notables” que se hacía en Capital. Me invitó a cantar un tema gallego, después Gustavo reforma ese grupo, lo hace más grande y me llama a cantar nuevamente. Pero no sólo el tema sino todo el repertorio de música celta. Y de ahí me empecé a meter en eso y me interesó.”
Una de las referentes más fuertes dentro de la vida musical de Viviana es Joan Báez, a quien comenzó a escuchar desde muy chica, incluso antes de la música negra y el blues.

¿Cómo fue el rol de tu familia respecto a tu incursión en la música?

“Mi vieja fue la que me hace estudiar guitarra a los 10 años, acá en el colegio Don Bosco donde los sábados había un profesor de guitarra, Eduardo Herrero. La idea de mi madre no era que yo cantara rock and roll, obviamente, sino que tocara la guitarra. Me decía que tenía que tocar “por música”, no rascar la guitarrita. Cuando aprendía canciones porque ya tocaba un poco, a mi vieja no le gustaba. Yo ya empezaba a cantar, me di cuenta que me gustaba y que lo podía hacer bien. Mi vieja me fomentó el empezar a aprender guitarra, a tocarla con todas las de la ley y partitura adelante. Mi madre fallece cuando yo tengo 13 años. Entonces todas las cosas que yo había empezado a hacer me quedan como truncas. Pero sigo por este otro lado, donde me empieza a gustar Joan Báez, los Beatles, empiezo a sacar las canciones, que ya me gustaban desde antes pero me empiezo a enfocar más en eso. Cuando estoy en segundo año del secundario, en la escuela modelo de Castelar, donde ahora está la Mahatma Gandhi, aparece una profesora de música muy joven, Elisa Chindamo. Ella cuenta que está en un coro y que necesitaban voces, por lo que realiza un llamado a ver quien quería probarse. Necesitaban contralto, yo era soprano, me pruebo igual y así llego al coro. Ahí se me desdibujó todo el resto del mundo. Literalmente se me desdibujó todo y lo único que quedo fue la música. Era lo único que quería hacer; mi viejo no estaba muy de acuerdo, no me apoyó demasiado y yo no le di bola -se ríe-, seguí adelante, tuve que salir del coro después de no sé cuánto tiempo, el colegio se me había ido al reverendo demonio, lo único que quería era cantar, lo único que me importaba era cantar y así seguí.

Mi viejo era uno de esos tipos que no apoyaban que yo fuera música y hacia lo posible por desalentarme, pero se lo decía a otros con orgullo, o hacía todo lo posible para que yo no fuera al coro, pero cuando había un show iba y lloraba durante todo el concierto, de emoción se entiende. De hecho cuando fallece, encuentro una carpeta llena de recortes de toda mi carrera.”
Un punto que se destaca en la carrera de Viviana tiene nombre propio y se llama Las Blacanblus. La banda se forma en el 92 y sigue hasta el 2006, cuando se disuelve. En ese tiempo graban cuatro discos: "Cuatro mujeres y un maldito piano" (1994), por el cual recibieron el premio A.C.E. (Asociación de Cronistas de Espectáculos) en el rubro revelación-, "Rituales" (1996), "Especial en vivo" (1997) y "Suena en mí" (2005).

“Yo empiezo a cantar con Cristina Aguayo en un grupito que ella forma, siendo una especie de casting, las Shining Souls. Luego comienzo a estudiar con ella canto negro y forma otro grupo para acompañarla, éste con sus alumnos. Ensayábamos los sábados a la mañana y en ese mismo grupo nos conocemos las que después formamos Las Blacanblus. En ese coro si se sacaron dos temas en todo un año es mucho. Imaginate a 12 o 13 personas opinando al mismo tiempo y acusándose de que no pronuncias bien el inglés y ese tipo de cosas, había muchas trabas. No me acuerdo quien en ese momento propone hacer algo fuera del coro.
Nos empezamos a juntar, todavía no musicalmente, sino a planificar esto de formar algo aparte. De los 13 quedamos 5 o 6, y de esos quedamos nosotras cuatro. No sé si fue casual pero quedamos cuatro mujeres. Había varones también en el grupo pero que no se prendieron en el proyecto.

Comenzamos juntándonos en lo de Mona o en lo de Cristina alrededor del pianito a desarreglar spirituals, bueno no los desarreglábamos, venía Cristina y decía –miren lo que tengo- y había destrozado alguno de los spirituals y quedaba buenísimo! Entre todas le hacíamos las voces y así arrancamos. Mona, fue la que empezó a vender el producto, llamó a radios, grabamos un par de temitas y comenzamos a pasar el demo. Un día nos vinieron a escuchar de un programa de blues de zona norte, que en ese momento era muy conocido, y a partir de eso nos empezaron a invitar a tocar en el Samovar de Rasputín, en la Boca, uno de los antros bluseros de esa época y el único que aun existe.

A raíz de todo esto iniciamos una recorrida por los circuitos bluseros en un momento en que el blues estaba en la cresta de la ola. Había venido BB King, se había muerto Stevie Ray Vaughan y eso le había dado como una disparada al blues. Acá empezaron a traer muchos bluseros y cuando el blues ya estaba llegando a su pico máximo aparecemos nosotras. Ya venían desde antes La Mississippi, obviamente también Botafogo, Pappo o Memphis. Digamos que lo más nuevo antes de nosotros era La Mississippi, que ya tenía unos años, y son ellos y Pappo, de alguna manera, como nuestros padrinos musicales.”
Durante su carrera Las Blacanblus grabaron un tema con La Mississippi: “fue divertido, porque nos conocíamos, éramos muy compinches”.

“Lo loco fue cuando un día recibimos el llamado de Pappo, creo que fue en la casa de Cristina: -Si, hola, habla Pappo- se ríe, lo mismo cuando llamó Fito Páez a la casa de Deborah. Eran cosas increíbles que nos empezaron a pasar muy rápido.”
“Pappo era una persona muy especial, había muchos que no lo soportaban porque podía llegar a tener carácter de mierda, pero a su vez, cuando estabas bien con él, era otra cosa, con nosotras siempre fue un súper tipo. Una vez que fuimos a grabar con él, nos sentamos en un piano y le preguntamos en qué tono estaba el tema, así íbamos viendo que coros se le podían hacer. Él nos mira, se acerca al estuche donde tenía guardada la Les Paul, la saca, y nos dice –acá- señalando el mástil de la guitarra.” Nos cuenta Viviana mientras se ríe.

¿Cómo fue tu relación con Castelar y cómo influyó en tu música?
“Castelar es como mi vida, no nací en Castelar, nací en Moreno pero a los cuatro días estaba acá y, salvo unos años en el medio que viví en Capital, toda mi vida estuvo acá. Yo amo a este lugar. Tuvo una influencia en mi vida entera y la sigue teniendo, sigo conservando mis viejos vecinos, viste cuando sentís que toda la ciudad es tu casa, que vos podes salir y te sentís segura, no sé cómo explicarlo. Me encanta Castelar, amo a Castelar profundamente y no me iría de acá. Cuando me fui fue por cuestiones que a uno le pasan, irse de la casa de sus viejos más que después mi trabajo era mayormente en Capital y entonces ya me quedé allá. Finalmente me terminé viniendo, ya con la casa para mi sola. Pero yo pateé mucho Castelar desde adolescente, además era caminarlo todo, porque cuando uno es chico tiene amigos acá, del otro lado, allá, en Ituzaingó, entonces hacía todos los circuitos caminando.”

¿Cómo recordás el Castelar de tu infancia?
“El arroyo -comenta Viviana en un tono melancólico- que estaba acá a diez cuadras. El Castelar de mi infancia era maravilloso, con las calles de tierra, la manzana tenía todo un gran baldío gigante, un potrero, que salía por las cuatro cuadras. Tengo muy claros los inviernos sobre todo, de venir con el pullover lleno de abrojos. Cuando los vecinos cortaban los árboles, las ramas iban a parar al potrero, entonces nosotros nos metíamos entre los abrojos y las usábamos para hacer chozas. Teníamos otros vecinos de acá a la vuelta, que fui muy amiga con ellos de mas grande, pero que nos cagaban a piedrazos, eran como los indios, ellos venían y nos quemaban todo -se ríe.

Andábamos mucho en bici, me acuerdo cuando asfaltan Alem, que era un delirio, porque había quedado como una pista de carreras, toda lisita. Cuando asfaltan acá me acuerdo de esas máquinas con oruga; mi vieja me tenía de punta en blanco y yo volvía con todas las medias llenas de grasa porque nos subíamos. A determinada hora los obreros se iban y dejaban la máquina ahí, entonces terminábamos arriba con las medias todas engrasadas.” 

“Cuando vienen mis viejos para acá había cuatro casas locas, cuando yo era chica había un poco más, pero había mucho potrero, en todas las cuadras. En un momento empieza a haber muchas casas en construcción y una de nuestras grandes diversiones era meternos en esas casas.

Acá a la vuelta empiezan a hacer un edificio enorme, una casa grande a donde nuestros padres nos contaban iba a ir a vivir una familia con 8 hijos. Un día nos metimos y nos extrañó ver tantos baños, porque te das cuenta los lugares que eran baños, tenían las bañeras sin la losa pero toda la estructura armada, pensamos que era lógico que fuera así para una familia con tantos hijos y después nos enteramos que eso iba a ser un telo y los vecinos juntaron firmas, como era un barrio muy familiar, para que no lo pusieran. Ahí nos cerró todo el porqué era tan grande y con tantos baños- se ríe.”

Durante la entrevista reflexionamos un poco sobre las distintas edificaciones que actualmente se están realizando y como en muchas ocasiones en el afán de construir edificios nuevos se pierden casas o edificaciones icónicas de la zona, que tal vez deberían ser preservadas como parte de la identidad propia de la ciudad.

¿Cuáles son tus planes/proyectos a futuro?
“En principio tocar con mi Pandilla del Oeste, Jorge Do Carmo que toca guitarra, Cacho Gallardo que es un súper bajista, Luis Sirimarco, el pianista de la Antigua Jazz Band, Pancha Rojas en batería y Gustavo Lazo en armónica y con ellos tenemos una serie de presentaciones, ahora el 13 de noviembre estamos en Flores, el 10 de diciembre en Mr. Jones, en Ramos, en febrero hacemos de nuevo Mr. Jones y después veremos qué nos depara el destino. Espero poder grabar algo con ellos el año que viene, es un grupo que me gusta cómo suena y tiene una calidad humana increíble. La idea es esa, seguir tocando, poder grabar y estoy dando clases de canto acá, por suerte está muy bueno eso, tengo muchos cantantes, chicos, de grupos de la zona como Paraleia. La cantidad de música que hay por acá es impresionante.”

Para cerrar les dejamos algunas palabras de Viviana, una persona que -contra lo que el entorno tuviera para decir- luchó por su sueño, por seguir el camino que realmente la hacía feliz y consiguió lo que buscaba.

“Siempre me decían, -mirá que de mil llega uno-, y yo contestaba, no me importa, yo voy a ser el uno. Y algo hice, tal vez no súper masivo o popular pero creo que hice y sigo haciendo una carrera dentro de esto.”

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