22/07/2018 - Charangos al Oeste: Illariy y Tulpa tocaron en La Bartolina

Una nueva fecha de Charangos al Oeste convocó a músicos y amantes del folklore en el Centro Cultural de Nuevo Encuentro en Morón. “Hay un código implícito de la mística que tiene el charango”, explicaron a Castelar Digital.

Guitarra, bombo legüero, sicus, quena, sanka, platillos, redoblantes y charangos. La noche del Día del Amigo se llenó de música. Tinkus, huaynos, cuecas, sayas y muchos otros representantes de los sonidos latinoamericanos se escucharon durante el viernes 20 de julio en La Bartolina, el centro cultural de Nuevo Encuentro ubicado en Intendente Abel Costa y French, a metros de Rivadavia, en el centro de Morón. Los artistas principales de la jornada fueron las agrupaciones Illiary y Tulpa que se presentaron sobre el escenario dentro del marco de Charangos al Oeste, un ciclo musical centrado en el instrumento de cuerdas.

Charangos al Oeste nació en 2015 gracias a la impronta de dos músicos y vecinos, Pilo García y Damián Ranieri, y se basa en encuentros musicales de bandas, solistas, dúos, tríos y hasta tocadas multitudinarias orientadas a los aficionados al charango. Cada dos meses, aproximadamente, Charangos al Oeste reúne músicos, lutieres, intérpretes y charanguistas en distintos puntos de Morón, ya sea el Espacio por la Memoria de los Pueblos Originarios (EMPO) ubicado en el polideportivo Gorki Grana, La Bartolina o el Centro Cultural Enrique Santos Discépolo. En esta ocasión fue el turno de dos bandas identificadas con la música latinoamericana y el folklore andino, primero se presentó Illariy, banda integrada por cuatro jóvenes de San Miguel y la Ciudad de Buenos Aires. Luego fue el turno de Tulpa, banda con representantes de Merlo y Castelar.

Charangos al Oeste

“La idea vertebral de Charangos al Oeste es difundir el charango. Son encuentros con instrumentistas del charango, en sus diferentes niveles, estudiantes, profesionales, tríos, solistas, todas las propuestas y también constructores”, explicó a Castelar Digital Damián Ranieri, músico y mentor del ciclo. “Desde el 2015 hacemos encuentros, charlas de lutieres, talleres, donde distintos charanguístas comparten sus técnicas. Hemos hecho convocatorias de tocadas masivas: era abierto, se entregaban un par de temas por internet, quien quería las bajaba y las tocaba, en un evento llegamos a ser entre 60 y 80 charanguistas de distintas franjas etarias (Ver: La Fiesta de la Chakana se celebró en el Gorki Grana). Lo que surgió con Pilo fue generar un espacio de difusión de todo lo que ronda al charango”.

En los últimos años en la zona oeste en general, y en Morón y Castelar en particular, han aparecido lugares dedicados a la música nacional autóctona. Así es el caso del tango, en donde en la región existen varias milongas y bailarines notables (Ver: Comenzó Barrio de Tango los martes en Bombay), y también es el caso del folklore que gana terreno en peñas y centros culturales. En analogía a lo que ocurrió con el rock durante los noventa y parte de los 2000 (Ver: El Agite está en el oeste y también es un libro), el folklore avanza en el conurbano: “Hay un poco la necesidad de reafirmar identidad”, señaló Pilo García, y continuó, “el rock se agotó, cromañón fue un punto clave para muchas cosas y no solo para los espacios del rock que siempre fueron un desastre. Hubo una renovación natural en el folklore, como fue en los 60. Pasó en los principios del 2000 con el Negro Aguirre y Juan Quinteros. Y el charango cobró carácter, y eso se debe al laburo que hizo Charango Argentino. Un ciclo que empezó en el 2001”.

Ranieri aportó también sobre el tema: “Charango Argentino fue nuestro proyecto de referencia. Lo llevan adelante Adriana Lubis, Carlos Ochoa y Luis Pérez. Son ciclos de charango en Capital, en diferentes lugares de residencia, distintos apoyos. Tomamos esa idea y la proyectamos al oeste, porque como charanguistas del oeste nos costaba mucho ir a tocar o ir como público”. Completó García: “En los últimos años se abrieron muchos espacios de charango, hay mucho charanguista, hay una necesidad de rever la identidad”.

Escenario

La aguja se acercó a las diez y media de la noche cuando la primera banda se presentó ante los micrófonos: “Illariy significa resplandecer en quechua. Somos una banda de cuatro mujeres, la idea es transmitir lo que es la música latinoamericana a través de compositoras mujeres, con interpretaciones y arreglos nuestros, con música argentina, pero hacemos también música chilena, ecuatoriana… La idea es intercambiar instrumentos, hacer coplas, percusión, tenemos un cuatro, arreglos de voces”, explicó la música Silvia Fernández.
Illariy son María Eugenia Rossi, Lucia Moledo, Valeria Pereyra y Silvia Fernández: “Hacemos temas de Venezuela, una versión de La violeta, cómo no ponerla en el repertorio. Y algunas versiones nuestras, coplas, son varias coplas que enganchamos entre nosotros, una chacarera de Atahualpa”.

La llegada de la banda a Morón no es azarosa, el ciclo de Charangos al Oeste contó con ellas como público en otras ediciones: “Yo soy de San Miguel, con las chicas ensayamos en Capital, pero las veces que he venido siempre fue un placer. Como músicos sabemos lo que cuesta encontrar espacios donde seamos valorados, donde se creen lazos de respeto y de fraternidad inclusive, estamos felices de estar en este espacio. Y las veces que hemos venido siempre vimos muy buenos charanguistas. Como músicas e intérpretes del charango, en la banda somos dos, la verdad siempre es un placer, no solo se valora el folklore latinoamericano sino también este instrumento que nos representa. Hemos visto charanguistas de Chile u otros países, a Pilo, a Damián. Me pone contenta que siempre haya estos lugares, fuera de Capital, descentralizado siempre de los mismos circuitos”.
La segunda banda y encargada de cerrar el ciclo fue Tulpa, una formación integrada por artistas de Merlo y Castelar: “Estamos contentos, entusiasmados. Charangos al Oeste es una movida que ya conocemos, vinimos muchas veces a ver espectáculos. Estamos orgullosos por haber podido llegar a tocar acá. Bartolina es un lugar que nos gusta. Hemos venido a escuchar, hemos tocado con otras formaciones y era un lugar donde queríamos tocar”, señaló Darío Figueroa, vientos y percusión de la banda.

Tulpa está integrada por Romina Masini, Federico Commisso, Rocío Fernández Vivas y Darío Figueroa: “Tocar en un ambiente así tiene una dinámica especial, desde lo musical uno se prepara de otra manera. Si bien nosotros somos folklore latinoamericano y tratamos de cubrir todo las regiones de Latinoamérica, tenemos mucho repertorio criollo y nacional norteño. Pero para una peña preparás temas bailables, acá preparás temas para escuchar que es lo que más nos gusta. El folklore está creciendo: hay muchas más bandas, los espacios también están creciendo, hay más lugares donde bailar y escuchar folklore. Y está bueno. A nosotros nos gusta mucho y es parte de nuestras raíces”, destacó el músico.

Así como la primera banda, el mensaje de Tulpa dirigido a su público comienza directamente desde el significado de su nombre: “Tulpa son las piedras que componen el fogón, donde se hace la olla popular. Somos piedras que tratamos de contener nuestro fuego. Creo que lo demostramos porque en cada presentación la devolución de la gente es muy positiva, tratamos de demostrar que amamos lo que hacemos, le ponemos muchas ganas y mucho laburo, eso es Tulpa”, finalizó Figueroa.

La noche del viernes se presentó fría pero la fecha señalada en el almanaque tenía título, el Día del Amigo en Bartolina se celebró con cerveza tirada, papas con queso cheddar, pizza, fotos, abrazos, charlas y mucha buena música, con sonidos de charangos como protagonistas.

“En lo que es Charango al Oeste, si bien es música folklórica o latinoamericana, el público si se acerca pensando más en el folklore general se va a sorprender, porque no va a escuchar las tradicionales zambas, chacareras y gatos. El charango propone otra intimidad, otra sonoridad, y las propuestas son muy variadas, pueden ser solistas, dúos o grupos”, destacó Damián Ranieri, y continuó, “hemos tenido solistas como Damián Verdún que vino con pedales y un montón de efectos, o algo más tradicional, como lo que puedo presentar yo, o algo más experimental en charango acústico como Pilo o tener una banda que la rompe como los Mitimaes, que son sonoridades completamente distintas. Siempre la propuesta es que el protagonismo lo tiene el charango. La idea es esa, difundir, intercambiar y dar a conocer entre charanguistas y entre el público. El público que no toca el charango pero siente una adoración, una atracción, un respeto por el charango, es el código en común que tenemos todos los movimientos que difundimos el charango. Hay un código implícito de la mística que tiene el charango como instrumento y la música que con él se produce”, finalizaron los organizadores del encuentro.

Entrevista , redacción y fotos: Leandro Fernández Vivas