27/10/2017 - Martín Mercado: “Me gusta la sorpresa del proceso de escritura”

Con tres libros en su haber y el próximo pronto a editarse, el escritor de Castelar contó cómo llega a cada uno de sus relatos: “son todas historias reales”, dijo a Castelar Digital.

Castelar se presentó igual que días anteriores, las mismas caras en los comercios, casi los mismos autos estacionados. El bar elegido no desentonaba: algunos conocidos parroquianos, Cerati sonando por los parlantes, en una mesa un hombre solo, o eso parecía. Leía un libro, lo repasaba, ya lo conocía. Es más, llevaba su firma y creatividad. El encuentro no fue casual, el escritor Martín Mercado estaba esperando las preguntas de Castelar Digital.

“Empecé a escribir sobre cosas que no tenían nada que ver con lo que leía, primero pensé que era raro y después me di cuenta que estaba mejor, porque respondía a mi personalidad”, se excusa introspectivo, ya que asegura haberse formado leyendo a Kafka, Stevenson y Poe, pero sus cuentos hablan de su barrio, de las emociones, del fútbol, de los amigos y de aquellos vínculos y anécdotas cotidianas que pueden pasar desapercibidas para cualquier transeúnte pero que en manos de un artista se transforman en una epopeya.

Martín Mercado editó tres libros, el primero de poesía y luego dos de cuentos e historias. Tiene en el tintero el cuarto que verá la luz el próximo año, mientras visita distintas Ferias del Libro, o lo hacen sus obras. “Empecé escribiendo letras de canciones. Las letras de canciones siempre tienen ese no se qué que te llama la atención. Pero mi puntapié inicial fue un texto de Dolina que un profesor me dio en la escuela. En la escuela te acostumbras a leer textos que son aburridos o no te llaman la atención. Pero un profesor del Palloti me dio un texto de Dolina y quedé anonadado”, explicó el vecino a este medio.

“En mi casa había libros, se leía. Mi viejo era muy lector del diario, de chico me acuerdo que mi viejo llegaba del trabajo con el diario y yo me tiraba de cabeza: leía los chistes, después pasé a deportes y con los años a lo cultural y lo demás. Pero la clave fueron ese profesor que yo lo  consideraba demasiado exigente y al final qué bien que me hizo. Muchas veces pensamos que los adultos nos están dando demasiadas tareas, hablando de cosas que no valen la pena. Después crecés y te das cuenta que tenían razón”, reflexionó el escritor. Aquel empujón brindado en la escuela lo llevó a escribir letras de canciones para bandas de amigos músicos. De las canciones a las poesías había una corta distancia y así nació su primer libro.

Papel

‘Poemas hallados en un callejón’ fue el título de primer trabajo de Mercado, un compendio de emociones, pensamientos y sentimientos: “Hago música pero toco por gusto los acordes básicos y no más. En base a eso me dediqué más a la poesía, le tomé el gusto y surgió la posibilidad de hacer el primer libro de poesías, que en su momento se agotó. Me gustaría hacerlo de nuevo, pero todo requiere tiempo, ahora estoy abocado a los cuentos. Me gustaría reeditarlo, llegó a tener 34 poemas, posiblemente si logro editarlo de vuelta va a tener más”.

Tras su primero obra Mercado tuvo un impase de casi una década, en la que se dedicó a otra actividad. Intentó estudiar periodismo pero descubrió que su pluma se dedicaba a la narración antes que a la crónica. Nació entonces ‘El Deseo de don Mario’: “son historias de calles, de bares, son 12 cuentos, generalmente con muchas historias de la zona, de las calles de Castelar. Son cuentos que nacieron sobre historias vividas acá por personajes de la zona: amores, desamores, amistades. Me dijeron que eran textos parecidos a los de Dolina en algún libro, salvando las distancias. Pero me gusta ir por esos carriles. Son todos cuentos que siguen la misma línea. En el primer libro hay uno diferente que toca lo policial y mucha gente me dijo que le gustó más ese, y yo pensaba no sumarlo. Son historias barriales”.

Su última obra encontró su título y forma en el mítico bar Tarzán. Castelar ha influido a través de las vivencias del autor en cada uno de los relatos. “El último libro es ‘Ceremonia al amanecer’. E l titulo tiene una historia muy curiosa: Me reuní con un amigo a tomar una cerveza en Tarzán y me empezó a contar una historia de futbol, sobre un partido que vio junto a otro amigo y al padre de un amigo, todos de mi entorno, un partido en Japón, no importa el equipo… Gana el equipo por el que alentaban, festejan, gritan, se dan vuelta y lo ven al padre llorando, nunca lo habían visto así, se quedaron todos anonadados. Me contó eso en el momento indicado: en un bar, un viernes a las 8.30 de la noche y todo me fue indicando para donde apuntar, llegué a mi casa y me puse a pensar a intentar ponerme en el lugar de ellos al amanecer. Salieron todos los cuentos en base a eso, a ese título. En el momento menos pensado surgió la base del nuevo libro”, relató el vecino.
 
El método y las respuestas

Lejos de la bohemia o métodos extremos de aquellos autores que marcaron su formación, Martín Mercado elige la mañana. Acostumbrado laboralmente a madrugar, disfruta el cambio de la oscuridad al día para darle forma a aquellas historias que luego completarán sus libros. No reniega de la inspiración que al llegar lo obliga a redondear ideas sobre una servilleta, o donde pueda, pero no escapa a la organización, a disponer de tiempo y espacio para dejar fluir las letras. “Anoto mucho en servilletas… o bien en la notebook. No tengo un método, no me hago el escritor bohemio, lo puedo escribir en una servilleta o sentarme a escribir con un café. Muchas veces me lo propongo y no me sale nada, y otras veces me sale solo sin proponérmelo. Por ahí en el momento menos pensado me cae algo que estaba pensando hace mucho tiempo. Pasa alguien caminando y me acordé, lo relacioné, sale otra historia y listo surgió. Después la termino en el día. Me gusta la sorpresa del proceso de escritura, más allá de que uno tenga una idea a veces va para el lado menos pensado. La sorpresa es de ‘a dónde terminé!’. Lo leo y es algo que viví en su momento sin darme cuenta y terminó siendo esta historia que la tenía dando vueltas en mi interior y ahí me doy cuenta de por qué lo hice. O muchos textos que salen años después, y digo ‘la pucha es algo que escribí y me pasa a mi’. Está bueno que pase así”.

“Va por los carriles de las historias simples de personas habituales que uno cruza en el tren, en la verdulería, en los bares. Es lo que más me moviliza para escribir, me gusta escribir de temas que me lleguen, que me peguen de lleno en el corazón en la cabeza. Me gusta escribir sobre eso. Son todas historias reales. Algunas que juegan con la fantasía también son sacadas de un contexto real. Quizás con nombres o lugares alterados para evitar posibles juicios. Arranco muy temprano, me acostumbré a madrugar por trabajo y los fines de semana también. La mayoría de los escritores eligen la noche, yo escribo a la mañana, me surge la inspiración a la mañana. Es cuando logro canalizar esas ideas y sentimientos al papel. El paso de la negrura de la noche al amanecer tiene influencia en la letra”, señaló el escritor sobre su proceso de creación.

Sus libros se consiguen en La Recova o La Cueva, icónicas librerías de Castelar, pero hoy también se venden en librerías de todo el país e incluso en países vecinos. Las redes sociales le permitieron al vecino conocer la respuesta de sus lectores, las críticas, los halagos y los momentos especiales que solo las narraciones escritas permiten crear en la imaginación de cada lector: “Nunca imaginé que iban a pasarme las cosas que me están pasando. Resulta que una señora de Corrientes me pide un libro: me pasa los datos, me lo paga, se lo mando. Un día me manda una foto y me dice ‘estoy ahora en el río, a dos cuadras de mi casa, con mi hija es el mejor momento que tenemos en el día. Le leo a ella tus cuentos, paseo a los perros y tomamos mates juntas. Es el momento en que mejor nos sentimos’. Leí eso y no supe bien qué responderle, más que agradecerle. Me agarró una sensación muy linda, nunca imaginé que una historia nacida en el tren o en mi habitación, terminaría en Corrientes y brindándole un momento cálido a una madre con su hija. Esa historia me gustó. Hay muchas historias parecidas, gente que no conozco me dice ‘me emocioné con tal cuento, o al leer me acuerdo de mi viejo o de mi vieja, de mis amigos de cuando era chico’. O gente más joven que se siente identificado. Con eso uno ya está hecho. Algunos me dicen ‘cuando llegues a…’ para mi escala de valores ya llegué, con estas historias ya estoy hecho. No me queda más que agradecer. Si un libro llega a España bienvenido sea, pero yo ya estoy pago, ya estoy hecho, ya los sueños se están cumpliendo y no hay con qué darle”, finalizó con una sonrisa el Martín Mercado.

Entrevista: Gabriel E. Colonna
Redacción: Leandro Fernandez Vivas