17/10/2017 - ´El otro marinero´ por Jorge Colonna

Marcos atesoraba una fotografía de su abuelo -Walter Heinz Berger- tomada al finalizar su odisea a bordo del Graf Spee, durante la Segunda Guerra mundial.

Todo había comenzado una noche de agosto de 1939, cuando -en cauteloso silencio- el acorazado zarpó de un puerto alemán y el capitán Landsdorff puso proa hacia el Atlántico Sur.

Pocos días después, Inglaterra y Francia declaran la guerra a Alemania y se inician las operaciones bélicas.

A principios de setiembre, el Graf Spee detecta a la primera presa: el carguero británico Clement. Su capitán se rinde y la tripulación, en sus botes salvavidas, se dirige a la costa. Finalmente, los alemanes ponen cargas explosivas y el Clement se hunde. Con su cámara Leica, Walter Heinz capta esa imagen histórica.

Durante los siguientes tres meses el Graff Spee apresa y hunde  a otros ocho barcos. 
   
El 13 de diciembre, el acorazado alemán detecta una punta de mástil y una delgada columna de humo. El capitán Landsdorff piensa encontrar un convoy de mercantes y ordena avanzar en esa dirección. Pero -al aproximarse- lo sorprende divisar tres buques de guerra: los cruceros británicos Exeter y Ajax y el crucero neozelandés Achilles. El Graf Spee abre fuego dando comienzo a la batalla del Río de la Plata.
   
El Ajax sufre averías, pero junto al Achilles logran hacer blanco sobre el barco alemán. Sin embargo, el  Exeter va quedando fuera de combate y el comandante de la flota británica, pese a la superioridad numérica, ordena un repliegue estratégico. Mientras tanto, en la cubierta del Graf Spee, ensangrentado, Walter Heinz  yace inconsciente. 

El marinero solía tener sueños extraños, pero este es sorprendente: está en otro barco, con otra tripulación y otra bandera, inmerso en una batalla naval de otra época. En ese momento, el crucero se sacude violentamente por una poderosa explosión.  Poco después, un segundo torpedo británico  provoca el desprendimiento de gran parte de la proa y la nave comienza a inclinarse a babor. El hundimiento es inminente. Las sirenas aturden con el zafarrancho y se intenta evacuar a los tripulantes que -como él- quedaron encerrados en el interior.

Walter Heinz abre los ojos y se sorprende al descubrir un cielo celeste. Ya no está atrapado en aquel buque que se hunde. Eso había sido una pesadilla. Él sigue estando en la cubierta del Graf Spee. Está herido, se siente cansado y le pesan los párpados, pero se esfuerza para seguir disfrutando del placer de estar vivo.

De pronto, el marinero se encuentra -de nuevo- sumido en la oscuridad, encerrado, con el agua hasta el cuello, rodeado de cadáveres flotando. Para escapar de esa maldita pesadilla, se frota los ojos y se pellizca un brazo. Pero, lamentablemente, está despierto. Aterrorizado, comprende que el verdadero sueño había sido el otro. Walter Heinz, era su abuelo y el Graf Spee se hundió en 1939, hacía ya 43 años. En realidad, él es Marcos Berger y está en el crucero General Belgrano, que se hunde, arrastrándolo irremediablemente en su agonía.

Jorge Colonna es integrante del Taller literario de Marianela.