10/05/2017 - La base de Morón se transformó en un bosque encantado

‘Oniria, una Mágica Historia’, es el nombre de la producción que intercaló hadas con moda, fotógrafos con vestidos y magia con árboles, a metros de la Reserva Natural Urbana de Castelar. Fue la primera producción mágica pero no será la única.

Por un día el bosque de la Base Aérea de Morón se transformó en el territorio mágico de elfos, hadas, ninfas y otros seres mitológicos, habitantes de Oniria. Un cuento mágico, un relato de solidaridad e igualdad frente al lente de fotógrafos, diseñadores, vestuaristas y modelos impulsados por una poderosa idea.

El clima del verano acompañó con su verde y sus pájaros. Una zona arbolada de la base aérea fue el escenario elegido por Verónica Quintana, Rubén Paz y otros cien voluntarios para darle vida a Oniria. Se trató de una producción de fotos que nació como una muestra de modas pero que se transformó en un cuento solidario con su correlato en video.

A través de la web www.historiasmagicas.com se puede conocer el resultado sorprendente, el producto final de varios meses de organización y una jornada extenuante de trabajo. Pero el camino surcado por los mentores de Oniria también llama la atención. “el inicio cero fue que quería hacer un desfile en el bosque con mis vestidos. ‘Qué bueno sería que haya colegas’, pensé, ‘no estar sola’. En estos desfiles siempre hay profesiones que quedan detrás, maquilladores, accesorios, peinadores, acá no, tenían que ser igual para todos. Y después pensé ‘si en vez de un desfile fuera un peliculita?’ Fui pensando eso, que todavía no era nada, en internet. En una semana éramos 100 personas”, explicó Verónica a Castelar Digital.

Quintana es diseñadora de alta costura, se dedica a los vestidos de novia. Rubén es fotógrafo y dedicó 15 años al teatro solidario del colegio San Carlos Borromeo de Haedo. Una idea los encontró a la sombra de los árboles de la base leyendo un cuento de hadas: “Se me ocurrió algo mitológico, seres del bosque, hadas, elfos. Se sumó cada vez más gente y teníamos que darle una estructura. Primero armé siete grupos, con siete personajes diferentes. Dos diseñadores, cuatro modelos y staff creativo. Cada uno un planner porque cada grupo eran 20 o 25 personas. Y que esos planner reporten en algún lado, pero no por esquema, somos todos iguales, pero por organización. Tampoco hubo selección de gente, el que venía y se ofrecía se sumaba. Había mucha gente con mucha trayectoria y otros que recién habían terminado el curso, pero estaba bien porque uno se nutría del otro. Entonces la bandera era la no discriminación, así fue. La igualdad, porque se gestó todo así. Con gente como Rubén me di cuenta que tenían la capacidad para llevar algo así para adelante y había gente con menos carácter, pero sumaba también. Él me contó que había hecho teatro y ayudó mucho. En el medio hubo algunos que no entendieron la consigna, se los comió el personaje o gente que quería cobrar. No corrió una moneda, tenía que ser solidario, desde el mensaje. Surgió lo solidario desde el principio: ‘hagamos un video pero que sirva para algo’. Hablamos entonces de igualdad. Se sumaron personas con determinadas discapacidades y con muchas ganas de formar parte de ese mensaje. También las modelos no todas eran modelos, la igualdad estaba en todos los planos”, explicó Quintana.




El esfuerzo de cada uno de los voluntarios que se comprometió con el proyecto se vio plasmado en el resultado y cada acto solidario se vio reflejado. Desde quienes viajaron desde muy lejos hasta aquellos que consiguieron los permisos legales para filmar en el interior de una base militar, pasando por organizadores, maquilladores, actores y modelos que pusieron todo de sí: “Hay una especie de secreto, cuando a las personas las haces partícipe, porque somos partícipes, somos iguales. Al potenciar lo positivo la gente se copa, se suma. A veces uno los conocimientos se los guarda un poco, acá no pasó. Todos solidarios unos con otros. Hubo un diseñador que se quedó toda la noche cuidando las cosas, gente que colaboró en todo”, se explayó Verónica. “Todo el grupo tuvo la mejor onda. Encontré un grupo de trabajo espectacular: no nos conocíamos y los llamaba por teléfono y les decía ‘soy tu planner’ y te respondían bien. Hacer videoconferencias, constantes, grupos de WhatsApp a las 10 de la noche y en casa me querían matar”, resumió Rubén.


El escenario

El aeródromo de Morón nació como aeropuerto internacional, el primero en el país, durante la década del cuarenta y fue utilizado con ese fin hasta la construcción del Aeropuerto Ministro Pistarini en Ezeiza. Luego le dio uso la Fuerza Aérea Argentina aprovechando su extensa pista y su cercanía con la Ciudad de Buenos Aires para que desde allí operaran los Gloster Meteor IV, poderosos y veloces cazas interceptores desarrollados al final de la Segunda guerra Mundial en Inglaterra. La VII Brigada Aérea de Morón fue la unidad más poderosa de toda Latinoamérica durante la década del 50 y 60. En mayo de 1988 la VII Brigada fue trasladada a su ubicación actual en Moreno y parte del aeródromo de Morón cayó en desuso. Parte de esos terrenos, ganados por la vegetación, se transformaron ya en el Siglo XXI en la Reserva Natural Urbana, un espacio de frondosa arboleda típica de la zona que cautivó a los realizadores de Oniria: “Lo primero a resolver fue dónde íbamos a filmar. Pensamos en el Parque Pereyra Iraola de La Plata. Era bueno, tiene construcciones, molino. Todo se tenía que filmar en un día. Venía gente de Neuquén, de Mar del Plata, de Zárate, de Entre Ríos, gente de muchos lados. El exterior tenía que ser en un día. La artística de un solo día es muy difícil. Era fantástico el proyecto pero era mucho para hacer en tres meses y difícil para filmar en un solo día. ¿Si llovía qué hacíamos? ¡Había tantas cosas en contra! Pero nos tocó un día espectacular. Yo viví de esto, hice 15 años de grupo de teatro, pero dejé para hacer fotografía, para tener tiempo para mí… y me metí en esto!! En el teatro era un grupo solidario bancado por nosotros. Acá encontré la misma clase de gente, solidaria, con buena onda, y entonces trabajar así es un placer”, señaló Ruis Paz.

No convencidos de filmar en el Parque Pereyra Iraola por su lejanía y tamaño los organizadores buscaron otras opciones: “se filmó en un solo día. Se filmó el día entero, desde la madrugada hasta la noche sin baños y sin comida, con los mosquitos que te mataban. Fue en la reserva de Morón, pero realmente fue más allá de la reserva: nos equivocamos un poquito, hicimos toda la gestión en la reserva, fuimos un grupito caminando, pasamos un alambrado que estaba caído y llegamos a un sector que nos encantó y seguimos haciendo la gestión en la reserva, pero después nos aclararon que si cruzamos el alambrado estábamos en la Base Aérea de Morón”, reveló Verónica entre risas. Aquel error, aquel alambrado superado, los llevó a encontrar el lugar ideal. Alejado de los visitantes y desconocido por la mayoría de los vecinos. “Empezamos la gestión de vuelta. Le preguntamos al encargado del lugar y se re copó y mandó a desmalezar una hectárea para los autos, mandó soldados, abrió un nuevo sendero en medio del bosque. Hubo un montón de voluntades positivas. El productor general de este trabajo es Gerardo Cáffaro, que se puso todo el grupo y el trabajo al hombro. Tiene una gestión tremenda, sin la mano de Gerardo nos hubiésemos dispersado mucho más. Era el que ponía los puntos cuando había que poner los puntos y cuando había que organizar algo más pesado, la gestión con el municipio se movió para todos lados”.

La puesta en escena, filmación, fotografía, modelaje y actuaciones demandó dos días de rodaje. Uno por completo realizado en exteriores, en el corazón boscoso de la Base de Morón y otro para las tomas realizadas en interiores. El resultado es un mundo mágico, de ensueño, habitado por hadas, ninfas, elfos y damas del bosque que celebran una boda muy especial. En la web se puede ver el video completo y además descargar almanaques y fotos. El fin solidario del proyecto apunta que sus contenidos pueden ser compartidos y utilizados libremente por cualquier institución de bien público, ONG o grupo solidario. “Más allá del mensaje de Oniria, lo solidario es que podemos donar los derechos para que después lo use cualquier fundación o salas de esperas pediátricas, no hacés mucho pero ponés más lindo el lugar. Videos para las salas, cambiás un poco. En historiasmagicas.com está todo armado, toda la historia, quién es cada uno. Toda institución se puede comunicar por la página, si podés ser útil en algo con esto, bienvenido. Si tiene un uso comercial, que se comuniquen”, señaló Verónica y lo completó Rubén, “firmamos todos que las imágenes son de uso público siempre que sea una entidad de bien público, comedores, todo lo que podamos servir ahí estamos. Hay varios almanaques liberados, los podes bajar y hacer uso, ponerle tu logo y usarlo. Si alguien le encuentra otro uso, también solidario, bienvenido sea, mejor. Empezamos pensando una cosa y después se fue desplegando, lo que empezó de una forma terminó de otra, para mejor, salió muy enriquecido el producto final, cuando uno va viendo todas las posibilidades, pucha es mucho!”.

El título del trabajo remite al mundo de los sueños, aquello onírico que lleva a la irrealidad pero, en este caso, con un mensaje concreto basado en la igualdad. “La riqueza de Oniria surge de la diversidad, los personajes son distintos, los lugares son distintos. Es la sumatoria de muchas creatividades, es todo distinto porque son 100 personas pensando y dando lo mejor de sí. Valió la pena el esfuerzo de todos. Uno no sabe la historia de cada uno pero hubo algunos que hicieron muchísimo esfuerzo para viajar, para hacer un vestido por los materiales. Después son recompensados cuando alguien te dice ‘¡Qué bueno, qué lindo!’. Sentís que llevaste un barquito a buen puerto y todos bajaron a un lugar lindo”, finalizó Vero Quintana.

El resultado del trabajo de los cien voluntarios y las ideas y esfuerzos de todos se puede conocer en www.historiasmagicas.com

Entrevista: Gabriel Colonna
Redacción: Leandro Fernandez Vivas