15/02/2017 - Roberto Michelena: “Vivo escribiendo de los sentimientos”

El escritor de Castelar lanza sus obras en formato digital, libre y gratuito a través de Castelar Digital: “Se van a sorprender”, adelantó.

NOI está distinto pero es siempre igual, punto de encuentro de vecinos y testigo inmóvil del paso del ferrocarril y los años. Anexado a la plaza seca, brinda sus mesas para almuerzos, cenas y notas periodísticas. Roberto Michelena mira a los transeúntes, ya no son aquellos amigos de toda la vida quienes pasan caminando por la recova, pero a alguno reconoce y no duda en levantar su mano para saludar. Castelarense desde su primer año de vida, su historia es parte de la ciudad. Y muchas de esas historias que componen la propia, forman parte de su primer libro. Ingeniero Agrónomo por profesión y escritor por vocación, editó dos libros con cuentos y relatos autoreferenciales y casi biográficos que ilustran la vida de los últimos 70 años de nuestra ciudad. Sus obras, “Recuerdos del Alma” de 2013 y “Una Forma de Sentir la Vida” de 2016, son  un compendio de vivencias.

Desde estudiante en la carrera de Agronomía trabajó en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Parque Leloir. Y fue allí mismo, impulsado por sus compañeros donde comenzó a darle forma a sus cientos de escritos, los que en su mayoría nunca habían sido leídos más allá de su círculo íntimo. Su historia y sus relatos forman parte de una nota de Castelar Digital donde narró su experiencia (VER: Roberto Michelena: Casi siete décadas de historias en Castelar), ahora sus libros podrán descargarse desde este sitio de manera libre y gratuita para todos los vecinos de Castelar.

“El primer libro es totalmente nostálgico, de años que he pasado en Castelar y lo que disfruto de Castelar. Vivo desde el primer año de vida en esta ciudad, son 70 años de Castelar. Ahí comento todo lo que este lugar me transmitió. Y en el segundo son relatos diferentes, de temas distintos, hay cómicos, histriónicos, otros de vida o muerte. Se van a sorprender, alguno los va a sorprender más que otro. Pienso que vale la pena”, describió brevemente su obra a Castelar Digital Roberto Michelena.

“El primer libro lo publiqué en el 2013 con historias que tenían que ver con el barrio. Fue pasar de una escritura técnica, científica, a una más literaria. Me impulsó el caso de mi nieto Felipe, nació ciego. Me motivó mucho a empezar a escribir, después me di cuenta que escribía bien. Además me gustaba lo que escribía y la gente que me rodeaba me decía que valía la pena, eso me incentivó. Muchas de las cosas que uno dice se las lleva el viento. Van pasando los años y resulta interesante escribir los pensamientos, para que alguien que se interese, en el futuro sepa cómo pensaba, cómo actuaba. Me fue ganando la escritura. Ese primer libro me llevó varios años, incluí algunos relatos, prosas y algunos poemas. No tenía en realidad idea de lo que era una prosa, ni de literatura. Yo soy técnico mecánico, no vi literatura. En ingeniería agronómica tampoco forma parte del estudio. Estuve un mes trabajando con la profesora de literatura Mirmina, profesora de mis hijas. Me orientó, me tomaba examen, empecé a escribir y me corregía, me alentó bastante. Así culminé el primer libro, que está muy vinculado a Castelar. Hay poemas sobre el barrio donde me crié, a los amigos. Todo muy vinculado a los sentimientos, a Castelar”, explicó el vecino.
Aquella primera publicación tuvo una tirada de apenas 50 ejemplares que Michelena repartió entre amigos, familiares y conocidos. Principalmente entre aquellos que integraban también sus relatos, compañeros de juegos de infancia, de aventuras adolescentes o de viajes de adulto.

“Lo distribuí entre mis amigos y colegas, estaba trabajando, llevé un par a colegas del interior. Muchos me sorprendieron porque me hablaban de cosas que yo no pensaba que podía haber transmitido con un libro. En ellas pongo emoción, escribo muy con el corazón, en el relato lo vuelco al barrio. Se lo hice leer a los chicos del barrio, chicos que hoy tienen 70 años, y realmente se conmueven”, completó Michelena sobre su primera obra.

Ya con la experiencia de su primer libro y con apenas tres años de distancia, lanzó su segunda producción. Esta vez los relatos no se limitaron al barrio y sus emociones sino que  los completó con historias vividas gracias a su carrera. Viajes al interior del país y vivencias en el extranjero: “es distinto al primer  libro, no hay poemas, hay solo relatos que son historias reales. En muchos de los casos la memoria me ayuda, en otros hay huecos menores. Pero en muchos de los casos, en viajes al exterior, hice un libro intimo que escribía, tengo las fechas. Cuando tengo un hueco de personajes no centrales, que no lo recuerdo, lo acomodo con el nombre de algún familiar, de mi abuelo, alguien que quiero. Relleno el hueco que no me acuerdo. Empecé con todas las historias de mi actividad profesional, todos los viajes por el país, fueron más de 40 años haciendo uno o dos viajes al mes, del sur al norte. Y después siendo un profesional más formado, apareció la posibilidad de viajar con el INTA a Perú, Venezuela, Nicaragua, Cuba, Antigua y Barbuda, Italia, España,  entre otras, todo por trabajo. De ahí surgieron historias que me ocurrieron en el campo, en la actividad profesional o que tienen algún buen tema para contar. Que puede ser gracioso o peligroso: Un posible robo, la posibilidad de estar en el fondo de un lago de Nicaragua y que hoy no estaría contando la historia. Está el relato más antiguo, como entré al INTA. Yo me crié en la calle Francia y Arrecifes, un vecino me hizo recorrer el INTA y nunca más lo dejé. Entré como estudiante a la institución, estuve tres años antes de recibirme y después hasta que me jubilé”, reseñó.

“Después voy incluyendo los relatos en forma cronológica, desde la década del 60. Está el relato de Nicaragua donde nos agarró una tormenta en un pequeño bote para seis personas, una tormenta muy fuerte en la noche, no teníamos un destino seguro, teníamos poco combustible, casi nos chocamos un barco pesquero que estaba parado. Está en el relato, fueron momentos fuertes. El último relato es en 2013. Un error involuntario mío en General Villegas donde quedé como si le estuviera robando dinero a la institución, quedé muy mal, muy involucrado con la policía. En realidad no tenía nada que ver. Parece que no fuera real, pero fue real”, completó Michelena.
 
El método

Durante su vida profesional la escritura estaba marcada por el vocabulario técnico y científico. Términos propios de su disciplina y que son poco utilizados en la vida común lejos de los ámbitos relacionados con la ciencia, la agronomía y el INTA. Empero, Roberto Michelena daba rienda suelta a sus ganas de contar cómo veía o percibía el mundo en relatos y poemas que quedaban ocultos a su mundo académico. Cuando esa escritura, nacida del hobby, encontró su camino, Roberto también halló el modo de brindarle espacio a su pasatiempo: “Me ponía a veces los fines de semana, los días de semana estaba trabajando, entonces aprovechaba más los fines de semana y feriados. A medida que uno se va metiendo en la escritura es atrapante, querés escribir más y mejor! Mucho de lo que tenía escrito lo fui corrigiendo y así me fue atrapando la escritura. A un compañero del barrio le hice conocer mis textos. Lo que me dijo me convenció: ‘Roberto tratá de publicarlos, ponéle una tapa y hacelo libro, si no te va a quedar dentro de la computadora’. Fue Tristán Torres, amigo de toda la vida en Castelar. El segundo libro me llevó más de un año para hacerlo, para seleccionar los relatos, escribirlos ordenadamente, para volcar toda la información que tenía y no tenía, que tuve que recordar, para volcar las fotos. Hice también unos 50 ejemplares y se los fui entregando a los protagonistas de los relatos, para ver qué opinaban. Gente involucrada en mi vida, amigos, compañeros de trabajo. Los protagonistas fueron los primeros que me escribieron, se sintieron muy cómodos con el lugar que les había dado en el relato. Algunos son colegas de Castelar: Roberto Casas, Carlos Iriurta,  y otros compañeros de toda la vida involucrados en los relatos”, destacó el escritor.
“En general, tengo mucho escrito de lo que son poemas, tengo muchos temas que no pude incluir en el primer libro. Tengo una gran carpeta con muchos poemas, algunos terminados, terminados para mí porque le di un cierre. Otros que me falta terminar, los estoy trabajando. Si me animo a hacer otro libro, no lo sé. Terminé este libro y todavía estoy disfrutando esto. Pero tengo muchísimo material, vivo escribiendo de los sentimientos, permanentemente estoy escribiendo sobre los mismos temas, en distintos momentos. A veces tienen el mismo título, pero con enfoques diferentes. Después me doy cuenta de que de eso ya escribí, y cuando los pego veo que son distintos enfoques del mismo sentimiento. Puede ser la amistad, la nostalgia. Y no se pueden unir, porque uno fue un momento y este es otro momento. No se pueden igualar.” Completó Michelena.

Los libros de Michelena se complementan con imágenes del autor, del barrio, tomadas en épocas en donde Castelar y sus vecinos no se imaginaban un perfil colmado de edificios, sin potreros o con habitantes que no se saludan. Épocas tan distantes en el tiempo que con una sola mirada resulta difícil ubicar cada esquina, cada casa o rincón inmortalizado en la foto. Los relatos trasladan al lector al Castelar pueblo y casi rural de los primeros años de Michelena, los poemas lo llevan a sentir lo que representó aquel paraje para el autor, y cómo llevó la impronta de esta ciudad a cada punto que conoció a lo largo del planeta, llevando el trabajo del INTA a donde fuese necesario.

“Creo que se van a sorprender. Como me sorprendí yo. Si vos me decías hace unos años que yo iba a escribir esto no se me pasaba por la cabeza, toda mi escritura era muy técnica, muy científica, esquemas interpretaciones, presentaciones… mis libros fueron fruto de la necesidad de escribir”, finalizó el vecino.

Las obras de Roberto Michelena serán publicadas por Castelar Digital en formato digital y se ya puede acceder a ellas desde los links al pie de esta nota.

Entrevista: Gabriel E. Colonna
Redacción: Leandro Fernandez Vivas