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Ignacio Hutin: Viajes y aventuras de un escritor nómade

Publicado: 02/11/2016


El vecino de Castelar llevó su pluma desde el oeste del conurbano hasta el corazón de Serbia. Con una vida de desafíos que lo llevó a ver auroras boreales en Finlandia como a organizar recorridos turísticos en Albania, Hutin contó a Castelar Digital cómo encontrar un segundo hogar a miles de kilómetros de distancia de tu casa.

La ciudad de Nis poco se parece en sus calles y edificios a Castelar. Con un pasado que va desde lo romano a lo socialista pasando por períodos bajo otros nombres y dominios, no es tan distinta en su espíritu a nuestra ciudad. Al menos así lo explica el escritor Ignacio Hutin quien, por el momento, parece haber encontrado allí su lugar en el mundo.

El autor de Saturno, un libro distinto desde lo conceptual que propone leer una o varias historias fragmentadas en cuentos o en una novela, le contó a Castelar Digital cómo su obra lo llevó a otros países y hasta a explicar en idiomas lejanos dónde está Castelar, cómo llegar a Tarzán y qué es el Sarmiento.
Desde Nis, la tercera ciudad en importancia de Serbia, y comunicados a través de Skype, Ignacio narra su historia con naturalidad, sin denotar en su tono de voz la cuota de aventura que conlleva haber vivido dentro del círculo polar ártico o transitar sus días como guía turístico en Europa del este.
Periodista de profesión, fotógrafo y amante de la Historia, su pulsión por escribir lo llevó a crear su primer libro y, casi sin querer, a que su obra fuese una carta de presentación en países tan distantes de su Castelar natal como Serbia, Albania o Finlandia

“Me gusta decir que empecé a escribir antes de empezar a escribir”, disparó con una sonrisa el vecino. “Siempre desde muy chico escribí. Recuerdo que aún antes de escribir, ya escribía. Para un día de la madre le quería regalar un cuento a mi mamá, pero como no sabía escribir se lo dictaba a mi hermana más grande”, completó Hutin.

La influencia de su padre, Raúl Hutin, quién también dedicó parte de su vida a la narración, y la libertad creativa adquirida en el colegio Crear y Ser lo motivaron para plasmar sus ideas en el papel: “De chico escribí y desde la adolescencia empecé a escribir mi libro. Yo ya había escrito cosas sueltas: cuentos, poemas. Pero de momento me encontré escribiendo algo más armado. Este libro en particular – Saturno – me gusta decir que es una novela fragmentada: se puede leer separada o al mismo tiempo se puede leer como un relato lineal, era una idea que me parecía súper original hasta que encontré a Cortázar. La novela tiene como capítulos que podían tomarse independiente pero hay un hilo conductor que los conecta. El libro se publicó en el 2009, el primer borrador lo terminé en el 2006, después se fue corrigiendo hasta el 2009. Pero los relatos más viejos eran del 2004, cuando yo tenía 14 años, por eso entiendo que lo empecé a escribir en la adolescencia”, reseñó.

Saturno es el nombre romano dado al dios griego Cronos, aquel señalado como el tiempo que devoraba a sus hijos por miedo a ser enfrentado y doblegado por uno de ellos. En la obra de Hutin, se puede crear una analogía entre el Tiempo Tirano y el transitar diario de los usuarios del Ferrocarril Sarmiento y los vecinos en general. Ante las consultas de Castelar Digital, Ignacio señaló que su libro “no habla de la lucha en sí de Júpiter, el hijo de Saturno, por enfrentar esta adversidad y su destino, sino que tiene que ver con la búsqueda de esa lucha. Estos son mitos, griegos o romanos, hay versiones, pero Saturno pasa a la Historia como el dios de la guerra, del hambre, de la muerte y, principalmente, del tiempo. La idea es que el tiempo destruye y también crea; el tiempo es el fin y también el principio. Además Saturno es el nombre de uno de los cuentos del libro. Me gusta pensar que es abierto a interpretación, no es lineal. Cuando lo terminé y lo publiqué, un amigo mío que estudia arquitectura, me dijo ‘tu libro es acerca de una carrera universitaria, desde el CBC hasta que te recibís’. No tengo ni idea de dónde sacó eso, nunca se me ocurrió”.
“Es una novela fragmentada, se puede abordar de muchas maneras, tiene muchas interpretaciones. El principal motivo que une a toda la historia tiene que ver con los cambios, el principio de una etapa y el fin de otra etapa, con una mirada medio melancólica. Entonces estar en lo nuevo y mirar un poco para atrás, me gusta pensar que tiene que ver con eso. Lo empecé a escribir en la adolescencia, que es una etapa de cambios. Siempre está la referencia al tren, a veces medio metafórico, pero el tren también representa un viaje y cambios, recorrer del punto a al b. Tiene reflexiones introspectivas. Es algo que disfruto mucho, viajar y cambiar”, se explayó Ignacio.


Nómade

Amante de la historia y con su cámara de fotos en mano, Hutin estudió periodismo en una universidad de la Ciudad de Buenos Aires y completó allí su Licenciatura. Su título y capacidad lo llevaron a escribir en el periódico Anticipos, de Morón, o incluso a ser columnista en la FM En Tránsito. En sus últimos meses de carrera, completó sin mayores expectativas un formulario que hablaba de una beca de estudios en un país nórdico del que poco sabía. Con su firma sobre el papel comenzó su vida nómade. Meses después se encontró viviendo en una ciudad fría pero iluminada por la aurora boreal, dentro del Círculo Polar Artico y en el corazón de Finlandia: “en el 2012 yo estaba casi terminando mi carrera en Buenos Aires y por un contacto de la universidad con un colegio de Finlandia, me dieron una beca que cubría el alojamiento. Era lo único que necesitaba porque la educación en Finlandia es ciento por ciento gratis para todo el mundo. Lo lindo era que esta beca me permitía tomar cualquier curso de cualquier carrera de cualquier facultad. Podía hacer un poco de todos sin ningún límite. Estuvo muy bueno, porque a mí me interesa mucho la fotografía, entonces hice cursos de fotografía, pero también cursos de investigación académica, de introducción al Artico… yo no estaba en Helsinki sino 800 km más al norte, en el Artico, era algo que se podía hacer solo allí. Rovaniemi es una ciudad muy chica al norte, en Laponia, muy al norte, con una universidad muy grande. La mitad de la ciudad son estudiantes y la mitad de los estudiantes  son extranjeros. Así tiene una comunidad internacional muy interesante. Más allá de vivir en el Ártico y ver renos y auroras boreales o vivir a 30 grados bajo cero. La idea de vivir con gente de cualquier lado era muy interesante. Yo era el único argentino en toda la ciudad, conocí brasileros, chilenos, pero argentino era el único”.

Su viaje comenzó muy al norte y siguió por otros rincones de Europa pero mirando lejos de los destinos turísticos más comunes: “tengo una medio obsesión histórico-política con los ex países comunistas y socialistas. La primera vez que vine a esta zona estaba obsesionado con la historia de Yugoslavia. Vine a Serbia y me gustó muchísimo, volví a principios de año, seguí viajando un poco más, Hungría, Macedonia, pero volví acá porque encontré un lindo lugar, muy linda gente. Serbia si bien puede tener muchos problemas políticos u económicos, como cualquier país, es un país muy cómodo, la gente es muy agradable, la comida es deliciosa, y los precios son muy bajos”.

 “Serbia es un país sorprendentemente parecido a Argentina. Tiene una cultura muy latina, están muy cerca uno de los otros. Son amigables, se preocupan por los otros. Hacer un amigo en cinco minutos, como hacemos en argentina, en otros países no existe, países con más distancia, más frío como Alemania. Acá son muy pasionales, muy apasionados al deporte… el deporte es clave: básquet, futbol, tenis. Y como los argentinos: comen muchísima carne, toman mucho vino y aman la cerveza. Fue fácil sentirse como en casa”, señaló el vecino.

Castelar en Nis

Durante años y sin descanso recorrió ciudades, países, regiones y culturas. Trabajando y viviendo en cada lugar conoció espacios y pueblos que no figuran en las promociones turísticas. Aprendió la historia de cada lugar y hasta aprovechó esos conocimientos para trabajar durante las temporadas altas de vacaciones y viajantes. Empero, en Nis logró presentar sus obras y hacer conocer su patria chica. “Llegué a Nis y me comuniqué con el Centro Latinoamericano de esta ciudad que enseña idioma y organiza actividades con las embajadas de Latinoamérica. Llamé y me ofrecí, si podía ayudar en algo, si podía ir a las clases y dar una mano. No como trabajo sino para compartir la experiencia. Y me ofrecieron ellos la posibilidad de hacer una presentación en la Biblioteca Nacional Stevan Sremac. Tuve el apoyo de la embajada argentina en Belgrado, nos mandaron para repartir folletos de Argentina, una banderita, nos ayudaron con el envío de algunos libros. Tuve una traductora durante la presentación y estamos trabajando con ella la posibilidad de traducirlo y editar Saturno acá en Serbia. Me pidieron que no hable sólo del libro, porque el libro está en español, no está en serbio y la mayoría no habla español, no lo habían leído, querían aprovechar la oportunidad para presentar un poco de Argentina. Entonces presenté un video que mostraba Buenos Aires y Castelar. Lo hice con videos de Youtube, cortando de acá y de allá, pero usé mucho el video de Castelar Digital por su décimo aniversario. Fue una introducción, hablé de Argentina, de la cultura, del tango, les quedó la historia del tango y la historia de Castelar. Leímos uno de los cuentos junto con la traductora” explicó el escritor y continuó, “del video de Castelar Digital me vino muy bien porque no hay videos de Castelar. Conté mucho sobre el Sarmiento, porque el libro habla mucho del tren. Conté de Tarzán, porque es mi lugar preferido en el mundo. Y conté lo que es mi relación de vivir en el Conurbano, en las afueras de la ciudad y viajar todos los días al centro. En el Gran Buenos Aires vive más gente que todo Serbia. A ellos Belgrado, que tiene un millón de habitantes, les resulta desesperantemente grande y cuando les cuento que el conurbano tiene 13 millones se sorprenden”.

De la mano de Saturno, Ignacio se transformó en un embajador de la cultura argentina y de la historia de Castelar. Conociendo también la idiosincrasia serbia pudo entonces comparar y destacar diferencias y similitudes de las dos maneras de ver el mundo: “Tienen una fascinación con el tango. Tienen una milonga, un grupo de tango, Nis no es una ciudad ni demasiado importante ni demasiado grande, pero el tango prendió mucho. En Belgrado tienen bares de tango. Fui a una ciudad muy chiquita en la montaña y tenían en un bar fotos de Maradona y gente bailando tango. Los serbios realmente tienen muy buena imagen con Argentina, creo que tiene que ver con que tenemos culturas parecidas, aunque que no saben mucho de Argentina más que el fútbol. Pero el fútbol les encanta. Y el otro lado es la política, Argentina siempre apoyó a Serbia en su reclamo por Kosovo, y Serbia se lo reconoce. Una diferencia que me llamó la atención es que los serbios tienen una obsesión con las apuestas, tienen dos casas de apuestas por cuadra. De fútbol saben todo, conocen al equipo más chico, el jugador menos conocido y es porque los conocen por las apuestas, se obsesionan por las apuestas. También por todos lados hay panaderías, acá donde estoy, a 50 metros a la redonda tengo 6 panaderías y dos están abiertas las 24 horas. Hay una bebida que se llama ‘raquia’, entre 40 y 50º de alcohol, es muy común; la toman a la mañana, con la comida y como digestivo. Nosotros no tenemos una cultura así, es más común el vino y la cerveza, pero no algo fuerte para desayunar”, destacó Ignacio Hutin

Viajar y escribir

Instalado en Serbia desde el año pasado, asegura que volverá pronto a Argentina pero no se quedará, seguirá viajando. La vida de viajero nómade que comenzó en 2012 con el viaje a Finlandia lo llevó a recorrer otras regiones de Europa. Ante la necesidad se valió de sus propias virtudes para encontrar la manera de trabajar: “Los últimos tres años estuvo yendo y volviendo de Serbia a la Argentina. Soy un nómade, es la idea, por lo menos por ahora, mientras pueda bancarlo. Para eso estuve trabajando en un hostel. Si bien esta ciudad no es súper turística, estuve en temporada alta. Y en temporada alta es muy sencillo. También estuve haciendo tours, independientemente, como guía, en español e inglés. La historia es algo que siempre me ha fascinado y no me cuesta, algo que había hecho en Albania: un día me encontré medio perdido sin nada que hacer y entonces me aprendí la historia de la ciudad e hice los tours. Fueron pocos meses pero aprendí y apenas llegué acá sabía que lo podía hacer”. El viajar, además de experiencias, le da material de escritura, sus musas están en el paisaje, en las culturas y en las personas que completan su camino: “Estoy escribiendo, todo el tiempo, sobre todo cuando estoy en otro país, pero no estoy escribiendo ficción, escribo sobre viajes, sobre historia”, finalizó Ignacio Hutin.

Entrevista: Gabriel Colonna
Redacción: Leandro Fernandez Vivas
Fotos: Ignacio Hutig

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