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Himno a la amnesia por Dante Pena

Publicado: 29/01/2009


Un día de Diciembre de 1971, me puse por última vez mi delantal de la salita amarilla en el jardín de infantes "Achallay" de Ituzaingó. Hubo una gran fiesta. Tocamos música con instrumentos musicales hechos por nosotros. Los padres sacaban fotos con modernas máquinas del tamaño de un ladrillo, y hasta nos dejaron pintarnos las caras con corcho quemado, y ponernos en las cabezas vinchas con plumas de colores, como los indios. Mi abuela Marxina preparaba la comida en casa. Era un día de fiesta. Los últimos días de la primavera habían pintado de colores las calles de mi barrio, y venir caminando desde Ituzaingó hasta mi casa, cerca de la estación de Castelar, no parecía un gran sacrificio. Menos, si uno podía venir rascando las paredes de las casas de la calle Inglaterra, con un flamante cochecito a fricción de lata, que me había regalado mi abuelo Alfonso.

La mesa estaba tendida en el patio de baldosas rojas. Había olor a asado y pan. Papá terminaba de lavar el viejo Citroen 2 cv azul, mientras calculaba al voleo los gastos para las próximas vacaciones de la familia en Necochea. En el combinado del living, habían puesto un disco de zarzuelas, que servía de Play Back para el pequeño show de mi abuela, que cantaba sin un solo atisbo de vergüenza, a los gritos, mientras colgaba las sábanas blancas en la cuerda de la ropa.

Iba a ser, sin duda, un gran verano. Lleno de la música y los sonidos de mi barrio y mi familia.
Pero el verano paso, y cuando aún el sol de Marzo de 1972, hacía brillar el peinado de mi viejo, lleno de "Glostora"; alguien me encajó un guardapolvo blanco, una valija de color marrón, y me dijo: "Ahora sos un chico grande." "Tenés que a ir a la Escuela Nº 7.". "Vas a ver cuantos compañeritos nuevos vas a conocer".
¿Alguien se paró a observar la mirada de los perritos abandonados en la ruta alguna vez?. Pues esa mirada se me debió quedar a mí, cuando la Señorita Julia, mi maestra de primer grado, me agarró de la mano, y me puso último, en la fila de Primer Grado "C".

Yo imaginaba que la primaria sería como una extensión del jardín de infantes, pero sin árboles en el patio. Si bien recuerdo con mucho cariño a mi colegio primario, resulta que la Escuela Nº 7 "Tomás Espora" tenía, (y tiene), unos patios horribles. Además, al tener a mi hermano ya en tercer grado de ese mismo colegio, entré sabiendo leer y escribir; porque aprendí casi al mismo tiempo que él.
En fin...La cosa era pan comido.

Tengo los mejores recuerdos de mi maestra de primer, segundo y tercer grado. Sin embargo no puedo decir lo mismo de mi maestra de música. La odiaba tanto, que no recuerdo ni su nombre. Sólo puedo oír retumbando en el fondo de mi cabeza, el irritante sonido de su voz; que mas que voz, era un constante grito exasperado; lleno de violencia y autoritarismo.

Sus palabras formaban discursos grandilocuentes y ridículos, acerca de la importancia de aprenderse bien las letras de los "Himnos Patrios". Entonces pensé: "Me parece que acá no vamos a tocar instrumentos hechos con nuestras manos, mientras recortamos papel glacé para los disfraces." Dicho y hecho, se puso en marcha el mecanismo de adoctrinamiento de aquélla época, producto de lustros de aborregamiento. Que, según habían escuchado mis jóvenes oídos, últimamente era culpa de un tipo que se llamaba Lanusse, que había echado a otro que había antes, que se llamaba Levingston, y que estaban peleados con un tal Perón, que siempre sonreía con el pelo lleno de "Glostora", como el de mi papá.
Así descubrí a unos tipos muy admirados que se llamaban "Próceres". Nunca he buscado el significado de la palabra "Prócer" en el diccionario. No hacía falta. Era simple.: Los próceres estaban en las fotos de las paredes, en las estatuas de las plazas, en los libros de texto de las escuelas, y en las efemérides de la televisión. Había algo raro en ellos. Todos tenían la misma mirada perdida. Como si se hubieran sacado la foto en el mismo estudio. Los mismos ojos que unas estampitas de un tal "San Cayetano", que tenía mi abuela en un cajón. Salvo el señor Sarmiento, que no sé por que razón, siempre tenía cara de culo.
La señorita Juana de Los Palotes, mi maestra de música, se sentaba delante del piano del escenario de la sala de actos, para castigar al pobre instrumento, aporreando las teclas con sobreactuado ímpetu..
Puedo considerarme un crítico válido de su nivel musical, ya que tengo el respaldo de mis años de estudio de música en el conservatorio de Morón. Su forma de tocar, era simplemente... marcial.
Lo que nadie parecía comprender en la escuela, es que casi ningún chico entendía lo que decían aquéllos himnos. Y que la lógica indicaba, que si el propósito de aquéllas canciones eran transmitir la solemne admiración por aquéllos próceres; al menos debíamos saber que habían hecho para provocar en nosotros ese sentimiento.

El círculo se cerraba con los programas de la materia "Historia". Ahí se nos decía el listado de heroicidades de dichos personajes, para que nosotros cantáramos a grito pelado un montón de palabras, que los deficientes instigadores del programa de la materia "Lenguaje", no se habían preocupado por hacernos entender su signifcado. Pero daba igual...si uno no quería oír gritar a la maestra de música, mejor aprenderse los himnos.

Seguramente alguna vez hemos investigado, (ahora con Google, aún con mas facilidad), los vericuetos de esas historias que habían transformado a un abogado de débil salud, en "Padre de la Bandera", o a un militar monárquico y masón, en "Padre de la Patria". También, seguramente, nos hemos sorprendido de encontrar "Otras versiones" de la historia que nos habían enseñado. A veces con pruebas irrefutables. Otras, con simples comentarios de tal o cual historiador. Pero los himnos se siguen cantando, porque las escuelas tienen maestras de música como la que yo tuve en mi niñez, y porque los gobiernos de mi país, tienen ministros de educación que se preocupan mas por amoblar su departamento en Barrio Norte, que en revisar los programas de estudio; llenos de barbaridades, experimentos programáticos, y vaguedades históricas.
Los chicos de la Escuela Nº 7, teníamos un himno que otras escuelas no cantaban. Era el "Himno a Tomás Espora". Una canción alegre, rápida y fácil de cantar. Para honrar a un tipo, que según parecía, había cumplido con su deber desde jóven. Cosa que no pongo en duda. Espora fué un militar correcto, sacrificado, y capaz. El almirante Brown, (Prócer Nacional), se encargó de hacérselo saber a todos.
La Marcha de San Lorenzo también era divertida. De hecho, se conoce hasta en Europa. Pero además de su agradable melodía, pocos entienden por que existe tal marchita.
Se supone que fué creada para recodar el primer combate del ejército libertador de San Martín.( Primer Prócer Argentino). Aunque en el resto de Sudamérica, no se le reconozcan todos sus logros, como nosotros los recordamos. Y lo releguen a un segundo o tercer plano, muy por detrás del hoy hipermediático, Simón Bolívar.

¿Fué San Lorenzo el primer acto de resistencia a una potencia colonialista?. Pues no. Ya que antes habían existido infinidad de actos de rebeldía colectiva. Indígenas y criollos. Y en algunos casos, habían intervenido muchas mas personas que en la tan cacareada "Batalla de San Lorenzo". Donde, (Por si no lo saben), San Martín atacó a las tropas "Realistas", al frente de tan sólo 125 soldados. Lo que define mas a San Lorenzo como una escaramuza. Luego, nuestro prócer termina cayendo debajo de su caballo herido, y salvado por un suboficial... Sin embargo el Sargento Cabral no tiene el estatus de "Prócer Nacional". ¿Por que no hay entonces un "Himno al pueblo de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas"?. ¿No fué anteriór a San Martín?. ¿No fué mas multitudinario y heroico?. Pero no tenía el ingrediente principal: El granítico héroe, individualista y perfecto, que justifica el poder creativo de los poetas patrios. Bah, si no hay un supermán, para qué escribir un himno. ¿No?.

Somos una sociedad que reclama constantes salvavidas. No hablamos de culturas o pueblos, sino de "Tal o cual" Personaje. Todo lo bueno o malo se lo debemos a los tipos de las estatuas de las plazas. Nunca a la sabiduría o a la torpeza popular. Nunca somos culpables de nada. Y para no serlo, renunciamos a tener ideas colectivas, a juntarnos y crear algo nuevo. ¿Para que hacerlo?, ¿No están ya, los próceres, para eso?.
¿Alguien se imagina a algún músico respetable, componiendo los futuros himnos de los próceres del siglo XX?. ¿Quien se ofrece para crear el "Himno a Maradona"? (Seguro que ya existe, pero...en fin). ¿Menem no tenía una canción, dando vueltas por You Tube?

Volviendo a los chicos que éramos en aquéllos años.: Al final nos aprendimos las letras de los himnos. Finalmente supimos distinguir a cada prócer en su cuadrito del pasillo del colegio. Como en una película barata, nuestra maestra de música, se salió con la suya.

En siete años de primaria, no aprendí absolutamente nada de música. Ni una nota. Ni un sonido. Nada alegre o agradable. Nada abstracto o artístico. La música es placer. Placer de crearla, de cantarla o de oírla. Pero parece que la eterna cara de culo de Sarmiento no era un gesto de placer. Mas bien de sufrimiento.
Escribo para no sentirme un simple número de D.N.I.. Leo, para aprender y descubrir que hay mas personas, y que las ideas de esas personas pueden hacerme mejor. Escucho música por placer. Obtengo placer al entender las cosas. Y cuando algo no me convence, simplemente, no me dá placer.

Por eso, jamás sentí placer al cantar un Himno. Porque no me cierra que un tipo que justificaba la matanza de indígenas, esgrimiendo los mismos argumentos que Hitler, pueda ser considerado "Padre de la Educación Argentina". Porque fué el mismo tipo, que escribió artículos en la prensa de Chile, pidiendo la entrega de la Patagonia Argentina, porque según él: "El territorio pertenece a quien le saque provecho antes, con su ocupación". (No lo digo yo. Está escrito de puño y letra de Sarmiento). Y, por si no lo saben, es el mismo tipo que ofreció El Chaco, para establecer una colonia Americana de California, con la posibilidad de convertirse en un futuro estado del gran pais del norte. Ofreciéndose, (Don Domingo Faustino), a luchar para que mantuvieran su idioma y costumbres. Porque Sarmiento veneraba la cultura sajona y Norteamericana, rechazando al indio y al "Gaucho", justificando su eliminación física. (Todo esto está debidamente documentado en cualquier biblioteca argentina).
¿Y este tipo tiene "un Himno"?.

Sé, que seguramente algún "Súper Patriota" que lea esto; educado en la doctrina del "Nada se cuestiona", porque así lo manda la lógica de la "Gran Amnesia Nacional"; pondrá el grito en el cielo, acusándome de comparar a Sarmiento con Hitler. Pero nada mas alejado de mis intenciones. Sarmiento hizo escuelas, dirá...Pero también, un tal Roca, hizo un montoooooon de kilómetros de líneas de ferrocarril, y otro, que se llamaba Perón, se la pasó inaugurando escuelas y hospitales populares. Sin embargo no son próceres.. Sólo comparo las excusas esgrimidas por ambos, para lograr sus objetivos. Finalmente, Sarmiento es un prócer con himno. Y del otro, del austríaco, mejor ni hablar.

¿Existe un himno a Castelar?. ¿Alguna canción que nos recuerde la belleza de las calles en primavera?-.¿No es mejor cantarle a nuestro barrio?. ¿A nosotros mismos?.
Un día de Agosto de 2005, hace 4 años, estaba de vacaciones en Argentina. Siempre procuro quedarme en Buenos Aires. Visito a mis amigos, a mi barrio y a mi familia. Esas son mis vacaciones. Había visitado mi vieja escuela Nº 7 en Castelar. Me había tomado una gaseosa en el kioskito de enfrente, y hasta me había animado a comerme un alfajor Fantoche triple, que atentaba contra el nivel de mi colesterol. Luego, en esa tarde invernal, me pasé por mi colegio secundario, el Jorge Newbery de Haedo. Me reencontré con algunos viejos profesores, que aún luchaban por mantener un nivel académico digno de un establecimiento con tanta historia a sus espaldas. Por la noche, se interrumpieron un momento las clases, para un breve recordatorio de la muerte del General San Martín.

Antes del acto, no hubo himnos. Lejos quedaban aquéllos días en que nos obligaban a cantar por las mañanas la canción "Aurora", y después recitar la "Oración a la Bandera". Un preceptor tomó la palabra, y habló de lo que se festejaba aquél día.

Sentí una gran tranquilidad al escuchar sus palabras. Describió a San Martín como a un tipo normal. Comprometido con las tendencias de su época, y lleno de errores; que hacían mas grande el sacrificio de abandonar una cómoda vida en España, a cambio de lidiar con una banda de intrigantes corruptos, que era la triste definición de la clase política argentina a principios del siglo XIX. (suena a conocido, ¿no creen?).
Habló de otras personas, que coincidían con San Martín. Y por allí apareció un abogado, no muy alto, llamado Belgrano, y otros como Mariano Moreno, Y Juan José Paso. Todos tipos que se despertaban por la mañana con dolor de espalda, cansados y muertos de frío. Con ganas de volverse a la cama a dormir. Y, que sin embargo, se levantaban y soñaban con compartir sus ideas, para cambiar algo. Por poco que fuera.
No se dijo en ningún momento la palabra "Prócer". Ni "Padres de no se qué". Los puso al mismo nivel de cualquiera. Con la diferencia de que ellos no buscaban figurar en los libros de historia. Podrían haber sido cualquiera de nosotros. Los pone a nuestra altura, y nos anima a mover nuestro culo, de su sueño de conformidad.

Al finalizar, nos invitó a cantar el Himno Nacional Argentino. (La versión actual, claro). Los mas jóvenes, tal vez no sepan, que existe la "Versión Maxi" del himno. (Que se acortó para no ofender al Reino de España,) que en otra épocas era el "Cuco" contra el cual luchaban nuestros queridos "Próceres".
Un disco giraba chirriando en el mismo viejo tocadiscos de cuando yo entré allí, a finales de los setentas. Se escuchaba fatal, igual que hacía 30 años atrás.

Comenzamos a cantar, como siempre cantábamos el himno. Arrastrando las palabras, como si tuviéramos la lengua paralizada. El volumen del lamentable equipo de música, no inspiraba a nadie a hacerlo con mas ganas. Y a la mitad del himno, el equipo se apagó.

Fué como si mi maestra de música de la primaria, desde el más allá, y abrazada a una partitura llena de notas borrosas, vieja y amarillenta, me hubiera puesto a prueba. El Himno Nacional se cantaba siempre, carajo!!!. Hubiera música, o no. No sé por qué, pero seguí cantando a los gritos, casi solo, en la inmensidad del patio central del Jorge Newbery. Había perdido la vergüenza, como mi abuela, cuando cantaba bajo el sol de la primavera de Castelar. Y por primera vez sentí placer al cantarlo. Estaba en casa. Estaba entre amigos. Era mi patio y mi escuela. Y no me importó la letra de lo que estaba cantando. Para mí, ése era mi lugar. Entre los que yo sí considero mis Próceres. Mis profesores del secundario. Los que me dieron las armas para poder ganarme la vida. Los mismos que habiendo pasado de los 65 años, seguían luchando contra los burocráticos molinos de viento de los siniestros ñoquis del Ministerio de Educación.
Con cara de sorpresa, el resto de la concurrencia, retomó el canto. Preguntándose por qué el gordo del bigote y la campera azul, lo entonaba como si no lo hubiera cantado jamás. En ése momento caí en la cuenta de que hacía mas de 20 años que no lo entonaba.

Al finalizar, mi viejo profesor de Tecnología, (Ahora director del colegio), me sonrió desde el otro extremo de la parte alta del patio, y me guiñó un ojo. Nadie dijo ni una palabra mas.
Saludé a todo el que pude, y salí por la puerta del frente. Estaba ataviada de gruesas rejas y un entramado de alambre, para evitar los robos. Era una actual puerta de colegio argentino del siglo XXI. Desde el pasillo que daba a la sala de profesores, un cuadro de San Martín me miraba rodeado por la bandera creada por el abogado de la salud frágil. No ví ningún cuadro de Sarmiento.

Me cerré la campera hasta la barbilla. Estaba cagado de frío. Imaginé a Lopez y Planes rompiéndose los cuernos para entender por que las flores que crecían a lo largo del ferrocarril Sarmiento, se merecían mas un himno, que dicho "Prócer". Me imaginé un debate entre Roca, Sarmiento y mi maestra de música, acerca de la conveniencia de que los chicos del coro fueran rubios y de ojos azules. El ruido del motor del colectivo 242, me devolvió a la realidad.

Los saluda Dante, al lado de un aire acondicionado, en el país que provocó que el "Himno Nacional" cambiara de letra.

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