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Goyi Alzaibar Trío: Música para escuchar, enseñar y aprender

Publicado: 07/12/2013


“Una nota de guitarra tiene algún contenido emocional, que simula el amor de tu vida”, dijeron a Castelar Digital. Gregorio Alzaibar, Lucas Avellina y Maxi Chercover contaron los secretos de su banda.

Voces que hablan de canciones, de música, de transmitir los conocimientos y de aprender al mismo tiempo. Son tres amigos que la música unió para que le dieran vida a Goyi Alzaibar Trío. Reunidos en Castelar ante el grabador de este medio contaron qué es la música y como atraviesa sus vidas de lado a lado.
Cada uno lleva tras de sí un recorrido musical que los traslada para encontrarse en rincones comunes, bares afines y otras bandas que supieron llevarlos como miembros. En 2010 editaron su primer álbum, Lobotomía de La Pampa Húmeda Tema1, y continúan tocando, grabando y enseñando.
Goyi Alzaibar Trío nació a principio de los noventa con una formación distinta a la actual pero siempre bajo la impronta de Gregorio Alzaibar.  Maxi Chercover se sumó hace unos años y Lucas fue el último en incorporarse tocando por primera vez en vivo con el trío en septiembre, en el teatro Roberto Duran (Ver: Goyi Alzaibar Trío en Concierto)

Con años de experiencia, el sonido de la banda sigue siendo parte de los nuevos rumbos que se viven en el arte y la disciplina en nuestra ciudad. Cada uno se topó con la música en la infancia, casi jugando, y supieron desde siempre que era su destino y vocación. Con esfuerzo y tenacidad, hoy la música es su medio de vida, de expresión y desarrollo. “Vengo de una familia musiquera. Arranqué en la adolescencia, a los 15, tocando la guitarra. Pero después me di cuenta que la familia paterna era muy musiquera, con una tía que cantaba y tocaba en peñas, que cantaba todos los estilos”, arrancó Gregorio Alzaibar y continuó, “Cuando crecí mis tías me hicieron un lugar para cantar. Yo escuchaba jazz blanco en los tocadiscos de mi casa. Escuchaba de todo porque me gustaba. Hasta que un día escuché tocar a Almendra en el Club Argentino de Castelar, ahí hice el click. Ya el nombre Almendra me sonó tan original para la época que me enamoré. Tengo el recuerdo clarísimo, cuando los vi pensé ‘yo voy a ser músico de rock nacional’. A los 16 le dije a mi viejo que quería ser músico y me dijo ‘bueno, pero vas a estudiar’. Cuando terminé el secundario tenía una banda y ya teníamos cierto reconocimiento en Castelar. Cuando nos recibimos les dije a mis compañeros de banda que eran compañeros de colegio, ‘chicos yo voy a seguir tocando, pero conmigo siguen los que van a estudiar música. Los que no, seguimos siendo amigos’… tenía las cosas claras”.

Aquellos comienzos lo llevaron a codearse y aprender de los mejores músicos de la época y a llevar adelante distintos proyectos y participaciones. Así estudió y tocó con Julio Payne, Lucio Nuñez, Abel Carlevaro y Carlos Kersenbaum, James Tobías, entre otros mentores; y formó parte de las bandas Avante Phylum; Saya de Bayeta; Los No videntes, Hondo y Bésame Mucho hasta llegar a Goyi Alzaibar Trío.

Maxi Chercover comenzó con la música casi sin querer. “Arranqué de más grande, a los 16, bien noventoso, onda Nirvana: pelos de colores, esa onda. Un primo que tocaba la batería desastrosamente mal me llamó para armar una banda. Amagamos por meses hasta que me compré un bajo y tocamos mal por mucho tiempo. Hasta que vi la banda de Marcelo Torres y me dije ‘yo voy a estudiar bajo, voy a hacerlo bien’. Lo contacté y empecé a estudiar con él”, rememoró el bajista.

El vínculo de Lucas nació desde el juego: “Mi primera batería fue una pelota, con un juego que tenía unos palitos atados y una pelota, y le corte los piolines y me puse a tocar con eso. Arranqué de chico, a los 4 o 5 años. Mi mamá tocaba el piano pero yo nunca la vi tocar. A los 13 me compraron la bata y empecé a tocar en bandas  y no tuve por qué parar. No es un hobby, siento que es para lo único que sirvo! Es el canal que encuentro para decir y mostrar lo que sé. Me gusta tocar la guitarra, cantar… pero la batería es el arma elegida”.

La música para los tres integrantes es una manera de desarrollarse, de conocer el mundo y de conectarse. La enseñanza de la disciplina es parte, según resumieron, de la vida del músico. “Parte de nuestra subsistencia es con la docencia de la música. No vivimos de salir a tocar, nunca pude pero mis ingresos son a partir de la guitarra. Dirijo tres bandas, doy clases de música en un colegio de Castelar. Las disciplinas artísticas son distintas a otras disciplinas. Un gran maestro es un músico, es profesional tocando, y es un docente. Un jugador de futbol no va a dar clases de futbol. Pero un buen músico disfruta de enseñar lo que sabe”, explicó Gregorio, y agregó, “Si tengo que ser honesto, te diría que el lugar donde mas aprendés es cuando enseñás, aprendés explicando. Hay una necesidad de trasmitir lo que se sabe. La escuela es un lugar para sociabilizar a los chicos pero tampoco hay que matar al animal. Somos parte animalidad, el tema es encontrar el equilibrio entre lo racional y lo animal. En mi clase  les digo ‘duden de alguien que dice que lo sabe todo’. Siempre les llevo el mapa y les hago marcar el norte y sur, y cuando les hago ver que es una configuración política para que nosotros nos acostumbremos a ser menos, para dejarlos pensando, no hay que encuadrar las cosas. Yo lo aprendí en el arte, leyendo y escuchando a los demás”.

Maxi comparte también la idea de enseñar como parte de la carrera del músico: “Yo tengo mis estudiantes de bajo, en clases particulares, y después en un taller cerca de Santa Rosa. La escuela básica te guía como un caballito que sabe por dónde ir, ‘2 más 2 es 4’, pero acá no, en música no. Aunque la negra dure un tiempo si te cambio el compás no, entonces hay que analizar, pero hay que aclarar para que no compren recetas únicas. Seguimos con el concepto positivista. Lo que es difícil en la actualidad es poder entender cuando se levanta uno y dice ‘hoy no tengo ganas de ir a trabajar’ ¿Y quién te lo entiende? Recuerdo cuando dije en una escuela que faltaba porque iba a grabar el disco y me dijeron si tenía un médico para que me haga el certificado… la mina lo hizo de buena onda, pero no te cubras… Vivimos puteando porque la sociedad te lleva a no ser sincero a no tener integridad. El arte me ayuda mucho, con el arte tengo honestidad brutal, el único límite son mis compañeros”.

El Goyi Alzaibar Trío comenzó a tomar forma junto con el nuevo siglo. Después del 2002 llevaron adelante la concreción de las ideas y de las horas tocando juntos, pero recién en 2010 su música se materializó en un álbum. Esos primeros años no fueron fáciles, y las distintas actividades y bandas que cada uno mantenía por fuera del trío también demandaban fuerzas y energías. Por ejemplo, Maxi Chercover a la par de tocar con Goyi participó en los primeros discos y la difusión de Ella Es Tan Cargosa, otra conocida banda de Castelar. “Nos conocimos en 2001 y automáticamente empezamos a tocar”, explicó Goyi y continuó, “yo en general soy muy vueltero, pero cuando veo que hay algo, vamos para adelante. Estuvimos como siete años la primera vez. Después se puso más complicado por la actividad de Maxi con La Cargosa, pero este año hubo más espacio y volvimos. Yo venía de un cuarteto, pero me agotó un poco. En el trío puedo tocar la guitarra y cantar. Además, cantar los tres es un plus muy cálido, y podemos trabajar bien. La sorpresa fue Lucas, muy joven, muy talentoso, y que quiera tocar con nosotros. Yo hago música más clásico, no antiguo, pero no escucho los grupos nuevos con otra estética. Siento que nunca hicimos algo viejo, que si hacemos folklore también tiene algo de rock”.

Los tres músicos son vecinos de Castelar, cada uno con historias en los distintos rincones de la ciudad, en sus clubes, colegios, bares y espacios. Goyi recuerda que desde su infancia siempre fue muy intuitivo, y con ciertos “caprichos”, como aquel que lo llevó a señalar a su futura esposa ya desde el jardín de infantes: “he tenido algunas certezas caprichosas. Siempre tuve un recuerdo del jardín de infantes, al cual fui un año solo, el Jardín de la Escuela Modelo, y no sé por qué me acordaba de esa compañerita que se llamaba Susú, que vivía en Montes de Oca y Carlos Casares, y siempre que pasaba decía ‘acá vive Susú que va a ser mi mujer’. Cuando me entero que en la escuela después estaba ella, empezamos a salir y estamos juntos desde ahí”.

La entrevista se transforma en charla y se barajan nombres como el bar Deeper, que se encontraba sobre Arias, o el desaparecido Xipatote. El Colegio San José donde concretaron algunas travesuras, como también otros músicos, vecinos y bandas.

El vínculo entre los músicos se materializó en el primer álbum de la banda, Lobotomía eléctrica de la pampa húmeda, que si bien es el primero no será el último ya que el trío está en plena producción del segundo. “¡El primer disco tardó casi la mitad de mi vida! es un proyecto estético. Me ayudo mucho a hacerlo el pelado (Maxi Chercover), mezcla todo lo que uno ha tocado y estudiado. Nunca estuve tan seguro desde ese momento de lo que estoy haciendo. Esas cosas pasan en un determinado momento. Lo que yo propongo esta en un lugar figurativo que es la Lobotomía eléctrica de la Pampa húmeda… el mismo nombre con distintos temas con una respuesta estética. No hay ninguna línea argumental, de ahí la idea del primer disco que se hizo en una sala de ensayo. Tocaron grandes músicos entonces favorece al proceso, pero el gran mérito es Maxi, creando una producción respetabilísima en condiciones infrahumanas. Grabamos la batería con cuatro micrófonos, les falta detalles de producción pero para las condiciones es perfecto”, se explayó Gregorio.

“Ahora estamos en el proceso del segundo disco, entre diciembre del año pasado y enero de este que hay algunas cosas grabadas, el grueso está grabado. Este está hecho en el estudio, ahora voy a volver a utilizar los oídos de Maxi. No es lo mismo producción que componer, son cosas distintas y a mí me cuesta desprenderme de mis temas y el puede ser objetivo. También hay veces que uno es muy crítico con uno, y se obsesiona con algo”, cerró Gregorio.

Los tres músicos valoran el trabajo de los músicos nuevos, quienes recién comienzan y de cómo la constancia y el estudio dan sus frutos musicales. Si bien es necesaria cierta virtud, sin esfuerzo no se llega. “Tengo recuerdos de alumnos que vinieron juntos a estudiar, uno con facilidad y otro no, pero después de un año el que tenía mas condiciones no tenía tanta constancia y el otro sí, entonces toco mejor el constante. Igual tenés que nacer con condiciones en el arte sino no podés estar, no te podés engañar. Si vos sos malo no hay manera de que te sostengas en el tiempo. No hay mejor publicidad para un docente del arte que el éxito de sus propios alumnos. Un consejo, que laburen, yo no conozco ningún pibe que toque bien que no le dedique horas de trabajo”, recalcaron. “Uno crece mucho viendo lo que piensa otro por eso esta bueno estudiar. A través de la música podemos conocer diversos poetas o escritores. El arte es una puerta que conduce a muchos lados, no importa que escuches. Puede ser que una banda te guste y no suene bien. El gusto es una cosa, la concepción técnica es otra. La cosa es estar abierto a todo”, resumieron antes de finalizar, “los girasoles de Van Gogh no son girasoles, son una representación, una simulación de los girasoles pero tienen algo, algún contenido emocional. Lo mismo que una nota de la guitarra que simula el amor de tu vida. Una obra de teatro, la simulación de un drama; pero tiene un impacto probablemente mayor que tu propio drama, eso es el arte y eso es maravilloso, todo el mundo sabe que son una imitación de los girasoles pero todo el mundo dice que hermosos girasoles”.

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