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Rangone, el cuidado de los más pequeños

Publicado: 18/03/2011


Castelar era un pequeño pueblo pujante. Alimentado de habitantes gracias al ferrocarril; tenía un centro propio de las ciudades de la época, pero a principios de los 70 aun no era, por si misma, una ciudad. Sin embargo, José María Rangone creyó sin equivocarse que se necesitaba un veterinario que subsanara las necesidades y consultas de los “pueblerinos”

Así en 1973, en un garaje acondicionado como consultorio para pequeños animales, el recién recibido Veterinario Rangone comenzó a brindar sus servicios. “Castelar tenía todavía zonas rurales, en mis comienzos me tocó atender animales grandes pero me he dedicado toda mi vida a pequeños animales domésticos, perros, gatos y aves. Pero atendí también caballos, que había en Castelar, hasta leones y cachorros de leones de un zoológico de Luján”, recuerda José María sentado en su consultorio de Carlos Casares y Pedro Goyena, a pocos metros de donde comenzó su profesión.

“Comencé en Carlos Casares y Montes de Oca, en un local muy pequeño, me servía con lo justo para ejercer mi profesión, como se ejercía en esas épocas. Hoy las cosas han cambiado mucho, prácticamente no se puede pensar en desenvolver la profesión en un lugar tan mínimo. Cuando empecé realizaba sólo consultas y un mínimo de cirugías” afirmó Rangone mirando por su ventana en dirección hacia donde tantos años atrás atendió a sus primero pacientes y empezó a ser reconocido por una ciudad que según afirma cambió pero no perdió su esencia, “Castelar ha cambiado mucho, si bien conserva aquella parte residencial que la sigue teniendo. Cuando empecé Castelar no tenía edificios. Eran casas de una sola planta o de primer piso sobre la calle Arias. Era muy distinto pero sigue conservando esto de pueblo donde nos conocemos prácticamente entre todos. A lo largo de los 38 años que estoy en Castelar lo he visto crecer pero siempre conservando esa alma de pueblo que nos hace quererlo, tan lindo, y nos hace sentirnos orgullosos de vivir en un lugar que queremos”.

El primer consultorio de Rangone convivió con muchos comercios que hoy ya desaparecieron, otros aun continúan: “Mi primer consultorio estaba sobre Casares a unos diez metros de Montes de Oca hacia la estación, donde hoy hay un kiosco, al lado de una galería. Después me mudé al local de al lado, donde hoy hay un solarium. En el centro de Castelar de esa época estaban la panadería La Española, el queridísimo Surco Loco, el Salón Azul que era una peluquería, hubo una concesionaria de autos Citroën en la esquina También una semillería. Muchos locales se han ido renovando. Había una rotisería en la esquina donde ahora esta la farmacia, Santa Anita se llamaba. Estaban también las confiterías la GranCa, que era la Gran Castelar y además estaba la Monterey”



Desde el inicio de su emprendimiento hasta la fecha la medicina veterinaria a avanzado tanto como la medicina humana, antes los diagnósticos se basaban en los conocimientos y experiencias del profesional, y a lo sumo en una placa radiográfica, “hoy estamos haciendo tomografías, electro cardiogramas, ecografías, estamos utilizando todos los métodos secundarios de diagnostico de la medicina humana”. Inclusive esta evolución alcanza a las cirugías que hoy se pueden aplicar en veterinaria: cirugías de alta complejidad, traumatológicas y hasta cirugías estéticas. “Todo evolucionó, empezando por la parte clínica, médica y quirúrgica, todo ha evolucionado igual que la medicina humana. Hoy las dos no tienen diferencias y distancias”.

Según explico José María Rangone a Castelar Digital, siempre quiso ser veterinario, aunque mientras realizaba la carrera universitaria se desempeñó en otras tares, pero estas nunca le dieron la satisfacción que logró con su profesión. Con casi 40 años de servicios tuvo en sus manos y bajo su responsabilidad a muchos de los animales y mascotas de gran cantidad de los habitantes de la ciudad. En tantos años también fue protagonista o testigo directo de muchas historias y anécdotas, aunque la que más recuerda es aquella en la que participó el centro de la ciudad como escenario, los bomberos y un toro de 600 kilos como parte del elenco: “en una oportunidad llega a mi consultorio, en el primero que tuve, una persona que me solicita atender una urgencia, le tomo la dirección era a 300 metros del consultorio, en el centro de Castelar. La urgencia era para dormir un toro, en pleno centro de Castelar. En Santa Rosa y Gaona había habido un accidente, había volcado un camión jaula que llevaba toros hacia el mercado de Liniers. Las puertas de las jaulas se abrieron y los toros escaparon. En su huida varios enfilaron hacia el centro de Castelar. Uno de estos, el que me tocó atender, se metió en una casa que prácticamente la destruyó por fuera. Imagináte un toro es un animal de 600 kilos que cuando empuja con sus cuernos rompe vidrios, rompe marcos, rompe todo. Cuando llego al domicilio ya habían llegado los bomberos que con mucha pericia lo habían enlazado, con una soga al cuello. Y esa soga la habían atado al paragolpes de un jeep, el cual estaba cerrando la entrada a la casa. El toro estaba echado en el jardín con un lazo en el cuello atado al vehículo.
Cuando llego, preparo un anestésico. Cuando le pongo la aguja, una intramuscular, el toro me mira y se levanta, todo muy rápido. Lo único que atinamos a hacer, una persona que me ayudaba, dos bomberos y yo, fue salir corriendo lo más rápido que pudiéramos. El toro se paró y nos empezó a seguir. Hay algo que se aprende con la profesión, cuando un toro mira fijo y baja la cabeza, y baja los cuernos, arremete y eso hizo. Empezamos a correr, disparamos para el fondo, se sentía como una locomotora que venía atrás nuestro, esos 600 kilos. Hasta que se tensó la cuerda que lo ataba. Levanto el jeep en el aire. Y ahí recién se consiguió frenar el toro. Por suerte, sino estaríamos estampados en las paredes. Obviamente no lo pude dormir, no había manera de acercarse, estaba muy enfurecido. Concurrió personal del mercado de hacienda de Liniers, que con las picanas y mucha pericia lo guiaron hasta subir al camión. Fue un hecho muy insólito, atender a un toro así, en el centro neurálgico de Castelar”.

Durante su carrera profesional, el veterinario participó de la fundación de varias organizaciones, una de ellas fue una cooperativa destinada a distribuir medicamento a las distintas veterinarias y médicos de animales de la zona Oeste. Otra se trató de un círculo de veterinarios de zona con el fin de poder aunar conocimientos, dar talleres y alcanzar niveles académicos superiores.

Tras grandes esfuerzos y mucho trabajo, José María Rangone afirma que está pronto a cederle su espacio y su lugar dentro de su veterinaria a su hija, Nadia Rangone, aunque reconoce que no podrá alejarse de su profesión, pero si tendrá mas tiempo libre “para disfrutar Castelar”.

El éxito de su profesión y su veterinaria llegaron de la mano del esfuerzo. Con crecimiento lento pero ininterrumpido, hoy la Clínica Veterinaria Rangone ofrece todas las especialidades disponibles para pequeños animales a través de las manos de José María o de otros especialistas, y también servicios de peluquería y estética, tanto canina como felina, baños higiénicos y sanitarios y atenciones domiciliarias. Aun cuando alcanzó el éxito, el mayor logro para Rangone es la memoria de sus vecinos. “El reconocimiento de los dueños de mis pacientes es lo que mas aprecio. Más que vivir de esta profesión, la satisfacción es cuando todo sale bien. El reconocimiento y el agradecimiento recogido durante tantos años es lo que mas valoro en esta, mi profesión” finalizó el veterinario.

Entrevista: Gabriel Colonna
Redacción: Leandro Fernandez Vivas


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